miércoles, 11 de febrero de 2026

LO COOL


Alex Katz, Retrato de una mujer

 El hombre o la mujer cool no son ni el decadente pesimista de Nietzsche ni el trabajador oprimido de Marx, se parecen al telespectador canaleando por curiosidad, uno tras otro, los programas de la noche, al consumidor que arrastra su carrito por el Super sin decidir su compra, a la dueña que duda entre escoger unos días de retiro en una residencia rural o de  relax en una playa de moda.

El consumidor cool está sumido en la apatía, inducida por el campo vertiginoso de las posibilidades y del libre-servicio generalizado. Se trata más de un efecto social, que de la decisión estoica y personal de limitar las pasiones. La frialdad del cool es la de la indiferencia pura, la de la distancia irónica y el desapego. Nada de sentimentalismo, nada tampoco de transpiración. Mínimo esfuerzo.

En sus ensayos de crítica social, Gilles Lipovetsky asocia la conciencia cool a la ideología del bienestar. La falta de atención de los alumnos, de la que con razón se quejan maestros y profesores, sería uno de sus síntomas. Una conciencia dispersa en monitores, captada por todo y por nada, excitada e indiferente a la vez, sobresaturada de informaciones, en las antípodas de la conciencia voluntaria propia de los caracteres fuertes del pasado.

"Automat", de Edward Hopper, 1927

Han desaparecido los grandes objetivos, los grandes relatos de salvación o de emancipación, todo lo que queda es el imperativo: "Disfruten de su compra". Cool es el nuevo zombi atravesado de mensajes que contempla impasible una pelea a puñetazos en un callejón lluvioso (hard-boiled), los personajes solitarios de Hopper (pintor del silencio) bajo las luces de neón, noctámbulos solitarios, los colores planos y los rostros sin emociones de Alex Katz. Este representa la exaltación de la simplicidad en gran formato compitiendo con vallas publicitarias.

A pesar del significado directo de la palabra "cool", el estilo cool puede ser cálido y comunicativo, aunque esté vacío del sentimiento de existir y carezca de todo entusiasmo. No obstante, los estilistas hablan de una frialdad cortante, cuyo precedente filosófico podría espigarse en El extranjero de Camus y extenderse a través del minimalismo reiterativo. El cool puede asociarse al estado del cuerpo que deja la desilusión existencialista, para la cual, lo sabemos por Sartre, "el infierno son los otros", o también puede que esté vinculado a un nihilismo elegante, hedonista y tolerante.

El hombre cool aparece y se anticipa sublimado en las novelas negras de Raimond Chandler y Dashiell Hammett, en el estilo comunicativo y el encanto enigmático de sus detectives, Philip Marlowe y Sam Spade: cortante, lacónico, rápido, cínico, lleno de metáforas afiladas, sujeto al control emocional. Son tipos que ocultan sus sentimientos, pero sienten, aunque no sabemos qué.

Puede que haya algo debajo de las latas de Andy Warhol, pero no sabemos qué. Ese pop es también cool como arte urbano, igual que los grafiti que transforman espacios de la gran ciudad (street art). Parece que, en contraste con el abstraccionismo y el expresionismo, la figuración cool, neorrealista, busca sobre todo el impacto visual.

Sobre Alex Katz: https://youtu.be/UFEE7-1e3eI?si=D9KhfxDGpJG_nOE6


miércoles, 17 de diciembre de 2025

ETERNIDAD


Platón dijo que el Tiempo es "imagen móvil de la eternidad". Podemos convertir la frase y decir: La eternidad es imagen inmóvil del tiempo. Sobre el concepto o paradoja de la eternidad, escribí en el blog Espíritu y Cuerpo. ¿Cómo puede ofrecernos quietud para siempre lo que no cesa de sucederse y moverse? Eternidad y tiempo se miran en un espejo que invierte sus atributos, muda el cambio por permanencia. La vida, ¿sólo puede existir enel tiempo? Seguramente. ¿Podremos los seres humanos alumbrar de nosotros ángeles en la eternidad como pretendía Eugenio d'Ors? 

Cuando más desesperada es nuestra condición, más quimérica y urgente es también nuestra esperanza... Aquí no entraremos en especulaciones filosóficas o teológicas sobre la eternidad, sino en un concepto mucho más sensual y terreno, sugerido por un personaje de Luis Landero en su magnífica novela Juegos de la edad tardía (1989). 

Hablando de su infantil devoción, el protagonista, Gregorio Olías, recuerda a un cura bondadoso, Pelayo Marín, que tenía la frente de plata porque había sufrido una trepanación de la que despertó con fulgores místicos. La Virgen se le había aparecido tres veces dándole recetas de bizcochos y dulces de jengibre, que Pelayo interpretaba como anticipo de los goces de la gloria eterna, donde el Paraíso se parecía a una tarde lluviosa dedicada a las delicadezas de la repostería.

Cuando le preguntaban cómo sería la Eternidad, el padre Pelayo afirmaba que allí seremos sabios y podremos hablar de teología y de apicultura mientras nos deleitamos comiendo hojaldres de miel y cortadillos de batata o de cabello de ángel. En la eternidad seremos omniscientes y preguntaremos por el placer de oírnos a nosotros mismos en distintas voces. El sacerdote imaginaba a San Bartolomé disertando sobre las propiedades del palomino para adobar los cueros salmantinos, o sefiguraba a sí mismo disertando sobre la Gravitación Universal, fenómeno físico que ahora no entendía, mientras al hablar se le derretían en la boca los tocinillos de cielo, los huesos de santo y otras delicias gloriosas.

En el pueblo, todos los niños besaban la mano de Pelayo; natural, porque le olía a pan de higo, que tal vez se untara por las mañanas para difundir el amor a Dios y probar su existencia. Ese aroma hacía gratos los misterios de la religión. 

Gregorio Olías perdió la fe porque los pocos curas dominicales que trató en la ciudad no olían a nada o, peor aún, olían a fideos y a ducha fría. Lo peor no fue que perdiera la fe, sino que con ella perdió también la esperanza de llegar a la santidad y probar las delicias de la pastelería de la eternidad celestial. 

miércoles, 12 de noviembre de 2025

MITO





"Las figuras imaginarias tienen más relieve y verdad que las reales"


Hace cosa de diez años (si el tiempo puede considerarse "cosa"), tal vez más años, entretuve mi convalescencia causada por un desprendimiento del cuádriceps discutiendo sobre la relevancia de los mitos con Jesús Zamora Bonilla, docto filósofo, economista y escritor de excelentes novelas, relatos que jamás podrán ganar un premio Planeta, ¡gracias a Dios y a su talento! Como buen neopositivista, Jesús prefiere la ciencia casi en exclusiva, hasta descreer casi absolutamente de relatos sagrados, o eso piensa él. Se reconoce amigo de los mitos (filomithos), pero le gusta ayudar a la gente para que sea consciente de que son, precisamente, mitos. Hace bien.

Le estoy muy agradecido a don Jesús (exdecano de filosofía de la UNED), doblemente, pues pude contar con su palabra, no sólo en los trinos de la red social llamada entonces Twitter (mejor que X), sino en el XIII Congreso de la AAFi en Úbeda, que tuve el honor de dirigir y al que acudió solícito y sabio. El caso es que he echado atrás en la línea del tiempo (the timeline de X) para hallar mis argumentos de entonces sobre el mito, o sea, sobre el relato edificante, la leyenda ejemplarizante, la alegoría, la antaño llamada "historia sagrada": cuentos, parábolas y fábulas con que todas las culturas mecen sus cunas infantiles, como declaró el poeta León Felipe.

El curioso lector puede leer una conferencia (Jaén, 2002) que publicó El Búho --revista digital de la AAFi-- sobre "La sabiduría de los cuentos", en la que sostuve que, además de cuerpos, y como memorias conscientes, somos realmente cuentos, puesto que "cuento" --o "relato", si usted prefiere-- puede llamarse nuestra biografía (que no hay que confundir con nuestra biología), es decir, esa memoria que nos identifica y a la que ponemos nombre propio y mayúscula: lo que creemos que somos y nos contamos que somos a nosotros y a los demás, Rosa, Omar, Juan, Carmen..., es un relato. La hermenéutica moderna ha puesto énfasis y análisis en esta idea del alma humana, en la importancia constructiva del saber narrativo, también la publicidad y la propaganda política sacan fruto de este hecho psicológico: que nos construimos como cuentos y que la imaginación tiene en ello un papel trascendetal.

Los mitos son importantes y valiosos, y no sólo porque nos guste caer en el dulce señuelo de los sueños... Quiero decir que, además de ser un consuelo, por ser arte y entrañar esperanzas, conforman nuestro ser anímico, educan y aclaran nuestro destino en relación a aquello de lo que ni habla ni puede ni debe hablar la ciencia: el principio y el final, el alfa y el omega, el bien y el mal, lo que alegra y entristece, el sentido o sinsentido de la existencia. 

Digo que los mitos aclaran, pero también podría decir que nos abren al misterio, pues refieren a la realidad simbólicamente. Hay mitos perfectamente absurdos, como la maternidad de una Virgen o la resurrección del hijo de la diosa Pavani con cabeza de elefante. ¿Meras fantasías? ¿Cuentos de viejas? Más que eso. Ya valdrían si sólo fuesen tesoros conservados por las memorias de las abuelas, ¡qué más quisieran muchos nietos que haber tenido abuelas que les contasen cuentos tradicionales antes de ir a dormir!

Ganesha, dios indí de la inteligencia

También las utopías son cuentos que motivan políticamente, para bien y para mal, mitos fallidos de la razón, estimulantes proyectos de felicidad compartida. No recuerdo si fue Wilde quien dijo que poco valdría un mapa del mundo que no recogiera el brillante país de Utopía...  El mito no es sólo el mundo del significado que hemos dejado atrás, sino la Jerusalén celestial que debemos construir, el Paraíso terrenal al que debemos regresar, la Gloria prometida al justo, el eterno retorno de lo mismo, la Comunión de los santos, etc.

Aristóteles no se equivocaba cuando definió al filósofo como ὁ φιλόμυθος, el amigo de los mitos, recordaba seguramente el ejemplo de su maestro Platón, que los había utilizado para hacer imaginable lo inteligible, creando alegorías que todavía hoy reinterpretamos como relatos significativos para la formación del espíritu: La caverna, El mito de Er, El anillo de Giges, El carro alado, etc. Una de las utilidades de la "ciencia inútil", o sea de la Filosofía, es precisamente interpretar razonablemente lo que se expresa incoativamente en el mito como propuesta de reflexión, pues la inicia. Es la función que los antropólogos llaman "etic", frente al "emic" de la literalidad del relato. Función imprescindible porque el fundamentalismo integrista puede llevarnos a la locura sectaria de quienes se prohiben las transfusiones de sangre ya que tal práctica aparece en las leyendas de su "libro sagrado" como actividad "impura". Ya Averroes insistía en la lectura inteligente de los textos míticos, frente la lectura vulgar o literal. No le hicieron caso, y así le va al Islam, convertido en cierta medida, inquietante y avasalladora, en fanatismo sangriento.

Otra utilidad de la filosofía, digamos "deconstructiva" (por no decir "destructora de hipótesis", como llamaba Platón a la Dialéctica), es la crítica del mito, de todos los mitos, incluso de aquellos que no se perciben como tales, verbigracia, en la actualidad, ese del "progreso tecnológico" que nos tiene estresados y atados a los artefactos y a los monitores, o ese otro que niega la realidad biológica y dimórfica del sexo humano... 

Toda religión es un imaginario simbólico, un depósito de alegorías mitológicas, una trama de analogías y metáforas, una nebulosa de relatos tan telúricos y enraizados en nuestra condición terrenal y animal como en nuestra ambición celestial y anhelos ultramundanos. El mito se resiste a sus "deconstrucción" porque es infalseable, ¡precisamente por no ser científico!, de modo que sólo puede ser combatido con otro mito. No hay modo seguro de demostrar que exista Dios, pero tampoco que no exista Dios, o los ángeles. Algunos mitos cientifistas, como el de la gran explosión  (Big bang), se exhiben hoy para combartir el relato de Dios Padre. Por cierto, conviene recordar que el principal proponente de la idea inicial del Big bang fue el sacerdote católico y físico belga Georges Lemaître en 1927. Mito contra mito, pasa lo mismo con la leyenda que casi diviniza a Hernán Cortés; su opuesta es la Leyenda negra que lo trata de genocida: rosa contra negro, negro contra blanco, la epopeya heroica contra la desublimación obligatoria, y viceversa.

El mito del "Big bang", expresión que acuñó despectivamente Fred Hoyle, es hoy nada más y nada menos que el modelo cosmológico dominante. La importancia del relato es enorme y trágica, porque los mitos nos configuran, porque con ellos interiorizamos el proceso social de comunicación como identidad diferenciada, un yo particular, religioso, nacional, deportivo, intelectual... Los mitos formalizan almas, identidades sin las cuales nos sentimos inseguros, como si fuéramos nadie o nada valiésemos. Kostas Axelos aludía a nuestra esencia artificial y biográfica mediante una breve fábula: En una playa mediterránea, los padres de un centauro contemplan a su hijo que corretea por la espuma de las olas, saltando alegre por la orilla. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: "¿Debemos decirle que es un mito?".




¿A qué edad debemos desilusionar a nuestros hijos revelándoles que los niños no los trae una cigüeña de París y que los Reyes Magos son los padres? Porque los mitos movilizan: el héroe troyano, el caballero cristiano, el Che revolucionario, el Atlas emprendedor, el ecologista aventurero... Por suerte y por desgracia es también el mito fuerza viva que justifica privilegios, desigualdades sociales, deberes, obligaciones (Malinowsky), porque todo mito conlleva una carga emocional considerable. Ese es su poder sobre la masa, que destila experiencias psíquicas comunes, experiencias reales o fantásticas, ilusiones, esperanzas, ideales mezclados con temores, filias mezcladas con fobias (ambivalencia de los sentimientos).

La frontera o distinción entre logos y mito, que enseñan los profesores de filosofía en las escuelas, es porosa, borrosa y en gran medida arbitraria. Grandes ideas que pasaron por científicas se revelaron mitos con el cambio de paradigma epistémico, como el del éter, quinta-esencia de la que, según la física aristotélica, estaban hechas las estrellas "eternas". Tal fue el caso del Psicoanálisis, que pasó por ciencia y hoy se nos ofrece sobre todo como repertorio de mitos literarios: el complejo de Edipo, el de Electra, etc., incluso se transfigura en una mística comunicada a los iniciados por abstrusos maestros mediante una jerigonza esotérica o una vanilocuencia obscurantista.

Los mitos admiten nuevas versiones, se maridan unos con otros como un conglomerado heredado de diversas fuentes, judeo-europeas, greco-romanas. La Virgen cristiana absorbe advocaciones paganas propias de la Gran Madre, Atlas deviene San Cristóbal... Por eso el pansexualismo freudiano y ateo puede acabar hibridando con mitologías orientales y budistas hasta producir nuevas religiones "new-age", que a su vez hallan su crédito en política y alcanzan valores de cambio en el mercado o en la vasta literatura de autoayuda. Más que adhesión o reprobación, todos los mitos merecen análisis, examen crítico y cierto desdén irónico, humorístico.

San Cristóbal (Dibujo de IA Gemini)

La "obscura propensión al mito", que decía padecer mi tocayo el poeta Gil de Biedma, parece acentuarse con la edad. Aristóteles reparó en ello. Los abuelos nos volvemos más amigos de los cuentos todavía que los filósofos, especialmente las abuelas, que en todas las edades sacaron partido de las fábulas con moraleja... Y es que cada poética desarrolla su propia mitología: luna lorquiana, claro de bosque zambraniano, río de Jorge Manrique, laberinto borgiano, escarabajo kafkiano... Los críticos hablan de mitologemas, es decir: motivos estructurantes o símbolos capitales de tal o cual autor, que podríamos incluso elevar como categoría a los "eones" estéticos concebidos por Eugenio D'Ors y que obran como principios constructivos de lo barroco o de lo clásico... Casi todas las épocas celebran poéticamente el mito de la belleza efímera de la rosa y advierten de su muerte pronta (el mito o lugar común del Carpe diem)... Los mitos pueden ser también interpretados como tópicos, útiles como presupuestos de argumentaciones retóricas: la grandeur francesa, la gracia de la bailarina gaditana, la codicia del catalán, la pereza del andaluz, el racionalismo obtuso del alemán, etc..., son mitos, positivos o negativos, eficaces como generalizaciones arbitrarias en discusiones sofísticas.

La misma superioridad del hombre, esa supuesta dignidad que nos hace merecedores de derechos y sujetos de obligaciones, incluso cuando no estamos en condiciones de cumplirlas (el bebé, el anciano), ¿es otra cosa que el co-relato de la especial creación del humano organizada por Yavé o por Zeus? La dignidad humana sólo admite justificaciones mito-poéticas. Y de ellas dependen, ¡nada más y nada menos!, que el respeto universalizable a los derechos humanos, único límite que impide que caigamos en un relativismo anómico del todo vale o del nada vale, es decir, en brazos del nihilismo autodestructivo.

Como vio Kant, tales justificaciones son imprescindibles y racionalmente exigibles en la práctica, y van por delante como empentas de la razón en su uso ético. Es esa libertad creadora asociada a la irrealidad asombrosa del mito lo que nos eleva por encima de la simple animalidad. Se trata de una justificación "irreal" (como diría Enrique Pajón), esto es, ideal pero verosímil y creativa, que a veces demanda garantía de antigüedad y santidad.

El pensamiento mágico y el mito tienen un gran valor biológico porque asocian emociones, imágenes, ideas, bajo la tiranía del deseo y bajo el imperio de las pasiones. Los mitos son algo más que meras leyendas. Hay cuentos con fondo de religión y religiones con fondo de cuento. Malinowski explica que el mito es una pragmática carta de validez de la fe, ingrediente vital de la civilización humana, laboriosa y activa fuerza y, desde luego, razonablemente interpretado, sabiduría moral. 

También ciencias hubo y hay con cara de mito, incluso infernal, como "el demonio de Laplace", símbolo del determinismo más extremoso, feo e irresponsable. La misma consigna de desmitificación universal en nombre de la ciencia es un mito. Por consiguiente, su valor es también un peligro. Como se ha visto históricamente, el mito anarco-rusoniano del buenismo fraternal propone merienda campestre y vegana, pero acaba en gulag, en tormenta y aullido. 

Por eso cabe y es de agradecer la superación epistemológica del mito. Nadie en su sano juicio puede sostener hoy el terraplanismo sin dar muestras con ello de una obcecación insensata; nadie debe hoy pretender que la mujer está necesariamente "impura" durante la menstruación, dando a esta impureza un valor mágico que nada tiene que ver con la higiene y sí con el desprecio machista a las funciones biológicas del sexo femenino.

La explicación científica manda al mito de vacaciones. Explicado, desencantado. Hay quienes piensan que con ello pierde el mundo su belleza... ¡No necesariamente! La misma ciencia añade belleza y misterio al mundo. Además, son las cosas las que admiten explicación; las cosas se explican, pero cuando tratamos con "personas" (esos mitos éticos) todo se complica. El mito no explica; hace algo más relevante: representa, expresa, orienta, conforma, consuela, ilumina, advierte... ¡y más peligroso!, porque también motiva, ilusiona, divierte, distrae, emociona, inflama, hipnotiza, subyuga, seduce... En función de fines loables se puede caer en lo más abyecto. En nombre de la igualdad o de la libertad se han comentido crímenes abominables. En cualquier caso, no es casualidad que "la maga Diotima" revelase a Sócrates secretos fundamentales sobre el Eros "en el tono ligero del mito".

Las filosofías de la sospecha o teorías de la infraestructura y la superestructura, que pretenden explicar la cultura como reflejo de la produccion o de la reproducción, como mero espejo más o menos deformado de relaciones sociales de poder, reducen lo superior y hermoso del ente al mito de una violenta tragedia animalesca, sea por compulsión hedonista, conato sexual o lucha de clases. El vitalismo nietzscheano, el economicismo marxista y el pansexualismo freudiano son reduccionismos inaceptables, cuando no se convierten en el lecho de Procusto de ideologías totalitarias.

El horror, la nostalgia, la esperanza, la vergüenza, el miedo..., tales son las especias con que se adoba el relato simbólico que expresa su mejor forma en la tragedia antigua o en la novela moderna. Toda poesía propende al mito, la poética realista lo acompaña, melancólica o angustiada en su caída. Es el desasosiego del descreimiento de Fernando Pessoa; una duda doble, pues añade al "no sé nada" de Sócrates el "no sé si sé algo" de Francisco Sánchez el Escéptico, que es como la duda de la duda con que ironizó el maestro Juan de Mairena de don Antonio Machado. Mairena animaba a sus escuchantes a esforzarse por imaginar, en lugar de lo que está mal, lo que está bien, y en lugar de lo bueno, lo mejor. "Y partir siempre de lo imaginado, de lo supuesto, de lo apócrifo; nunca de lo real", la cuestión es ir de la poética a la filosofía y de la filosofía a la poética, "de lo uno a lo otro, en esto como en todo" (JdM, XXIII). 

Recordemos: subyace en el mito 
como en batea de oro 
noble metal de origen misterioso
y con destino trágico.

Más nos vale profundizar en la razón del mito para disfrutar de su lección. Si no lo hacemos, despreciamos también el mito de la razón. 

"Donde no hay dioses, imperan los demonios" --decía Novalis. 

lunes, 3 de noviembre de 2025

ESPÍRITU

Incluso el capitalismo tiene su "espíritu", según Max Weber

Tres veces aparece la palabra "espíritu" en etiquetas de las entradas de este Diccionario Subjetivo, pero en ninguna de ellas se habla propiamente del espíritu, aunque sí de la trascendencia, de la ligereza y del alma. Algo tendrá que ver el espíritu con estas tres cuasicosas; tal vez sea trascendente, ligero y emerja desde las profundidades o desde las superficialidades del alma, si es que el alma existe.

miércoles, 22 de octubre de 2025

ESCRITURA

 

Apuntes de Manuel Fuentes, Calígrafo


"Los hombres nacen y mueren desde hace un millón de años, 
sólo escriben desde hace seis mil"

Nacemos y morimos solos. A medida que uno desarrolla su personalidad, forma su espíritu y se individualiza, gana libertad y también soledad. Puede que escribir tenga que ver con la defensa de esa diferencia solitaria en que uno está, porque sea un aislamiento que aspire a ser comunicado y busque social justificación...

"Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento afectivo, pero desde un aislamiento comunicable". María Zambrano.

Mas no sólo late en la escritura la afirmación de la singular diferencia del que escribe, sino también la generosa afición de compartir lo que se ha vivido o se sabe porque se ha descubierto. Cualquiera ríe y llora mejor en compañía.

En la escritura no empuja el inmediato apremio de la charla, la urgencia de la escucha y de la respuesta oral. Se evade el que escribe de la circunstancia asediante. En su palabra se recoge como si echara alma en novedad, en irrealidad o en ficción como efecto mitográfico:

 "la ficción emerge con la palabra escrita, pues sólo en virtud de ésta puede el pensar hacerse con sus pensamientos, simulando y disimulando su aparición." (Francisco J. Ramos). 

En efecto, el relato se liga mediante la escritura a la Memoria, concebida como resguardo de lo útil, de lo valioso o incluso de lo sagrado, en la perspectiva positiva propia del dios egipcio Thor. No olvidemos que los primeros signos escritos fueron cuentas agrícolas en pictogramas sumerios. Bien es verdad que esa memoria objetiva, escrita --como denuncia Platón en el Fedro-- es monumento frío e inerte... Aunque más sólido y estable que la carne, no da razón de sí porque la escritura permanece muda a las preguntas del que vuelve a ella como lector. 



Desde otro punto de vista, que es la perspectiva de Thamus en el diálogo platónico, la escritura es un fármaco o remedio maligno para la memoria, porque confiándose los hombres en la escritura olvidarán o "serán traídos al recuerdo desde fuera, por unos caracteres ajenos a ellos, no desde dentro por su propio esfuerzo" (275a). Hete aquí --como comenta el profesor Ramos en su Estética del pensamiento I, "El desafío literario"-- que la exterioridad de los signos gráficos pone en peligro la integridad de la Memoria, es decir, la fuerza interior del alma que recuerda.

A este respecto menciona Ramos la concepción platónica de la Verdad, el paso de la verdad como mito a la verdad como concepto (o mejor, como idea)...

"La Verdad es el Ser de lo que es (ousía óntos ousa), cuya contemplación nutre la mente divina, y cuya Realidad sólo al pensar le está dado ver y re-conocer. Pensar es contemplar: contemplar es ver: ver es teorizar (theoría), y teorizar es actualizar el conocimiento que trata sobre lo que realmente es. Pero esta concepción de la Verdad emerge del di/simulo de la escritura que el propio experimento logográfico lleva a cabo; lo cual supone algo fundamental: el paso del mito de la Verdad a la Verdad como concepto sólo es posible poniendo en juego la escritura de lo verosímil."

En efecto no es la verdad, ni es la realidad lo que juega en el arte o en la ética como hipnótico y atrayente, sino lo verosímil y la irrealidad entendida como ficción creíble e ideal. Como afirma Ramos: La escritura platónica es la techné que le permite al filósofo competir y rivalizar con la mímesis de los poetas, que cantan o escriben "copias de copias". El teatro dialéctico de Platón tendrá un carácter agónico, siendo así que podemos decir que los filósofos se convierten en auténticos autores de tragedias y hasta de la más bella y la mejor, la del orden público, la del sistema político... 

"... pues todo nuestro sistema político consiste en una imitación de la más hermosa y excelente vida (μíμησις τοῦ καλλίστου καì ἀρíστου βíου), que es lo que decimos nosotros que es en realidad la más verdadera tragedia. Poetas, pues, sois vosotros, pero también nosotros [los filósofos gobernantes] somos autores de lo mismo y competidores y antagonistas vuestros en el más bello drama que el único que por naturaleza puede representar, según esperamos nosotros, es una ley auténtica" (Leyes, VII, 817b).

La ley ha de ser el corego, es decir el patrocinador de ese drama que es la vida civil. En función de la ley se acordarán qué guiones son representables en la ciudad justa con la que sueña Platón. Mas téngase en cuenta lo que dice el Ateniense un poco antes, que "si quiere uno ser persona inteligente (phrónimos) no es posible conocer lo serio sin lo cómico" (Leyes, 816e). Lo que no puede uno hacer, si quiere participar de la excelencia, es representar o imitar dos cosas a la vez contrarias. 

También pudiera ser que la escritura naciese de una derrota, como los diálogos de Platón de una frustración política. Busca el escritor un lector cómplice, un amigo comprensivo; si no encuentra quien pueda escucharle en su medio, inventa un lector ideal. "Se escribe para reconquistar la derrota sufrida siempre que hemos hablado largamente" -dejó escrito María Zambrano, cuando buscaba "un saber sobre el alma", preguntándose la razón de su exigencia de escribir... 

De la escritura en general se puede decir lo que afirma Ramos de la escritura filosófica en particular que, como el ajedrez, el arte o la ciencia, es una disciplina de la mente: "ella es tanto un juego como una práctica intelectual", una ficción que aspira a ser considerada como verdadera, aunque secundariamente pueda también ser considerada como justa y bella. Desde Parménides (500 a. C.), la pretensión de Verdad es motivo vital (y podríamos decir que viral) de la Filosofía.

Cuando la escritura no es un poder, no es más que un consuelo. Arte. Nació con la escritura la historiografía, también un arte, lo que equívocamente llamamos "Historia", confundiendo lo que sucedió con su relato en parte inventado, ficticio, pura recreación. ¿Se pretende con la escritura salvar lo sucedido de su olvido y la palabra de su vacuidad? Tal vez, pero no de su vanidad, porque no hay frontera clara entre descripción y prescripción, ni entre explicación y justificación. 

Forjando las palabras como metales duros tal vez puedan perdurar más que nosotros. "Lo escrito, escrito queda" --¿no es sospechoso que esta máxima también se encuentre escrita--. ¿Nos sobrevivirán las letras? ¡Que no se pierda lo que aprendimos! Daremos testimonio de lo recorrido, ¿cómo hacerlo sin escribirlo? La historia, lo de verdad sucedido, ese tesoro de los horrores, de los errores, según Ortega, un acerbo que la historiografía preserva. Aunque es dudoso que nadie escarmiente en piel ajena.

Alfabeto de Geoffroy Tory, h. 1520.
Usa modelos constructivos y perspectiva de Da Vinci y Durero

El caso es que, al escribir, algunos hallamos consuelo y desahogo. No es sólo que uno busque salvarse en la palabra, también desea salvar a las palabras de su olvido, de su desuso, que es su muerte. Josefina Martos Peregrín ha jugado con gracia e ingenio en su literatura a rescatar en Malabarismos palabras semiolvidadas, porque, según reconoce: "los vocablos arqueológicos me chalan"... ¡Ser transitorio también el de las voces, como criaturas  río efesio que pasan y no vuelven! Dichas, sin fijadas en el papel o la luz, se las lleva el viento como vilanos de diente de león. 

El caligrama más famoso de Apollinaire:
La paloma apuñadada y el surtidor de agua

Es digno oficio el de fijar humanas voces y conducirlas en nuestra reconciliación con lo perdurable. Es un hecho que las grandes verdades no suelen decirse hablando; más que las pequeñas, reclaman en el verbo distinción y claridad; buscan piedra, papiro, pergamino, papel, luz perpetua, la fijeza del símbolo escrito, verbo o número. Nacieron de la imagen, y vuelven a ella en caligramas, como en lágrimas de nostalgia por lo que fueron.

Se escucha en nosotros la vocación pedagógica, el afán irreprimible de comunicar lo desvelado, silenciando las pasiones propias o, al menos, sublimándolas. Ocultando las mejores intenciones y puede que disimulando también las peores. Uno se di/simula tras su palabra escrita para que no se le vea el plumero. Ocúltase el Divino ateniense tras sus personajes, demodo que no comparece su Yo jamás, o se ha diversificado en ese escenario de la mente que imaginó Hume; aspira a ser admirado como conciencia vigilante sin más interés que el de la Humanidad, comunidad imaginaria, buscada, figurada pero sin presencia, pues amor no cura jamás. 

domingo, 19 de octubre de 2025

ENVIDIA

Alegoría de la envidia. 
Jacob Mathan, Las siete virtudes y los pecados capitales (1593)

Se dice que la envidia es pecado capital de los españoles, su vicio o defecto dominante. La peor de las envidias, y de los rencores injustificados, es la que prefiere el mal ajeno antes incluso que el bien propio, es el caso no insólito del tipo o la tipa con pocos recursos que prefiere ver al rico mendigando antes que a sí mismo con fortuna sobrada.

Dudo mucho que se pueda hablar de "envidia sana"; la verdadera "envidia sana" sería la admiración, que es precisamente lo contrario de la envidia, es decir, la celebración y alegría por el bien ajeno. Pocos entre nosotros se toman la molestia de admirar el talento o el trabajo bien hecho, antes bien la excelencia del prójimo despierta recelos. Sucede también con la belleza. "¡Todos iguales!", grita el bajito, deseando que los altos pierdan piernas. "Recuerda –escribe Trapiello en su Diario–: la envidia se presenta siempre con otro nombre, es muy astuta".

Esopo ya denunció la envidia con su fábula de la graja y el pavón, que también adaptó Dante. Aquí recreó en el español actual lo que escribió Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (c.1283-c.1350) en el Libro de buen amor:

 << HABLA EL ARCIPRESTE DEL PECADO DE LA ENVIDIA


Era pura envidia, en el mundo no hay tanta,
con los celos que tienes todos se espantan,
si tu amigo canta: ¡Enseguida ya cuánta
tristeza y sospecha tu corazón quebranta!
Los celos nacen siempre de tu pura envidia,
temiendo que a tu amiga otro la solicita:
por esto estás celoso y triste con rencor,
sufres por celos y el bien ajeno te causa dolor.
Desde que los celos viste en ti arraigar,
lamentos y corajes te quieren ahogar,
de ti mismo ni de otros nada agradeces,
el corazón te salta, ni descanso mereces.
Con celo y sospecha a todos aborreces,
disputas con todos, sin sosiego enflaqueces,
buscas malas peleas, hallas lo que mereces,
te sucede lo que acaece en la red a los peces.
Entras en discordia de la que no puedes salir,
adelgazas sin fuerzas, no te puedes resistir,
ni la puedes vencer, ni lejos de ella huir,
te estorba tu pecado, te hace allí morir.

Por envidia Caín a su hermano Abel
lo mató; por eso está en infierno aquél.
Jacob y Esaú por la envidia d'él
le robó la bendición, fue por rivalizar con él.
Fue por la envidia mala nacido Jesucristo
Dios verdadero y hombre, hijo de Dios muy querido,
por envidia fue preso, y muerto y derrotado:
en ti, Envidia, no hay bien ni visto ni hallado.
Cada día todos por codicia porfían,
con envidia y celo hombres y bestias lidian
y donde tú estás, los celos herirán,
la envidia los trae, envidiosos los criarán.
Porque tiene tu vecino más trigo que tú paja,
por tu mala envidia le difamas en la plaza,
así le injurias por llevar ventaja,
como con el pavo real aconteció a la graja... >>



<< EJEMPLO DEL PAVÓN Y LA GRAJA

La corneja al pavón le vio hacer la rueda,
y dijo con gran envidia: "yo haré cuanto pueda,
por ser tan hermosa" --¡qué locura pensada:
la negra por ser blanca contra sí exasperada!--.
Peló todo su cuerpo, su cara y cejas,
de péndolas de pavón vistió nueva pelleja,
tan hermosa se veía que se fue para la iglesia:
eso hacen algunas que hizo la corneja.

Graja empavonada, como pavón vestida,
viose bien pintada, y fuese enloquecida,
a los suyos desprecia desagradecida,
entre pavos reales anda, muy ignorada.
El pavón en tal hija espantado se fija,
vio el mal engaño y la color postiza,
pelóle toda la pluma y la echó al carrizo,
más negra parecía la graja que el erizo.

-- Así con tu envidia haces a muchos sobrar,
pierden lo que ganaron por lo ajeno cobrar,
con la envidia quieren por los cuerpos quebrar,
no hallarán en ti sino todo mal obrar.

-- Quien quiere lo que no es suyo y busca otro parecer
con algo de lo ajeno ahora resplandecer,
lo suyo y lo ajeno todo se va a perder,
quien se tiene por lo que no es, loco es, va a perder. >>

Nota

Más sobre la envidia y sus emblemas:
https://barzaj-jan.blogspot.com/2015/04/la-envidia.html



sábado, 4 de octubre de 2025

APPRIVOISER




 Un Renard apprivoisé

La palabra francesa "apprivoisé", participio de "apprivoiser", deriva del latín vulgar 'apprīvātiāre', que significa "privar", del latín 'prīvō' (despojar, liberar) y del sufijo ad- (hacia), a través del provenzal, que combinaba la idea de separar o despojar de lo salvaje para establecer una conexión de familiaridad. El sentido original de "domar" o "domesticar" se amplía a la construcción de lazos y a la creación de amistad, como se explora en El principito, donde "domesticar" también implica crear lazos y familiarizarse.

No deja de ser paradójico que un despojar (de la animalidad) sea a la vez un liberar (de la ferocidad animal, de la arisca soledad, de la natural indisciplina). Nace bárbaro el hombre, redímese de bestia cultivándose; hace personas la cultura, decía Gracián (cito de memoria).

En la popular obra El principito (1943) de Antoine de Saint-Exupéry, el zorro simboliza el valor de la amistad y apprivoiser es sinónimo de "domesticar" y también de "crear lazos", como hemos dicho. El zorro enseña al Principito que para formar vínculos se necesita tiempo y paciencia, y que esto es lo que da sentido a las relaciones y a la vida; son imprescindibles las virtudes de la espera, tan olvidadas. Sin confianza es imposible la esperanza. No se pueden trabar lazos perdurables con base en la desconfianza.

El zorro le explica que para que ambos se entiendan y se necesiten mutuamente, el principito debe "domesticarlo", lo que significa crear un vínculo especial entre ellos. Comprende así que la amistad requiere compromiso y reciprocidad y esto hace que algo pase a ser alguien, que cualquiera llegue a ser alguien único y especial.

La creación de lazos nos hace responsables. El Zorro enseña al principito que "eres responsable para siempre de lo que has domesticado", lo que subraya la importancia de los compromisos y las relaciones significativas en la vida. Con ayuda de la sabiduría zorruna, el protagonista aprende a dar valor a lo verdaderamente importante. 

Por eso pide, como tantas criaturas humanas, que lo apprivoisé, que lo domestique o amaestre en las artes y relaciones de la cotidianidad vital, deseando crear un vínculo único y significativo: una nueva rutina social.



El Zorro le pide al Principito que lo torne apprivoisé en la famosa obra de Antoine de Saint-Exupéry por varias razones que giran en torno al deseo de crear un vínculo único y significativo, pues para el Zorro todos los principitos son iguales y él es un zorro más, igual a miles de ellos. Apprivoiser es una forma de romper esa monotonía al crear algo nuevo que no existe con nadie más. Es una manera de dejar de ser uno más, un cualqueira, para ser "mi Zorro" y "mi Principito". 

¿Es la domesticación una forma de posesión? Sin duda, tal vez la más humana, que implica compartir pacíficamente espacio y tiempo. El Zorro, una vez domesticado, deja de ser uno más para ser "El zorro del Principito". Es la esencia del proceso comunicativo de socialización... "mi compañera", "mi amigo", "mi esposa", "mis nietos", etc.

Al apprivoiser a alguien, el otro se vuelve importante para uno en un descubrimiento del diferente, al mismo tiempo uno se vuelve importante para el diverso, que podría, sin ese lazo famliar, ser un adverso, un enemigo natural, como lo es el zorro real respecto a la gallina. Mediante este proceso uno puede ver más allá de su propio ombligo el valor de los demás y encontrar sentido en su entorno.

Además, uno sólo puede conocerse con rigor en el espejo de los demás. Kant advertía que la psicología jamás podría ser una ciencia, primero porque no se deja matematizar, pero además, entre otros motivos, porque uno no puede verse bien a sí mismo (no puede objetivarse sin sesgo), porque el flujo temporal de la experiencia interior carece de estabilidad: 
"Jugar a espiarse a uno mismo es invertir el orden natural de los poderes cognitivos. El deseo de investigarse a uno mismo o es ya una enfermedad de la mente (hipocondría) o es una forma de contraerla y terminar en un manicomio".
Debemos limitar el alcance del primer mandamiento délfico, "Conócete a ti mismo", con el imperativo del segundo: "Todo con medida". Y, en cualquier caso, cumplir con el primero nos exige socializar, amigar, salir de nosotros mismos aceptando la domesticación, el amansamiento o amaestramiento que nos sujeta con obligaciones, impone responsabilidades y nos libera de la agresividad natural.

Uno aprecia cosas que antes ni siquiera notaba cuando repara en los gustos, en las manías, en las fobias, en los deseos, en el sonido de las pisadas del otro. Por decirlo metafóricamente, se trata de un "ver con el corazón", pues "lo esencial es invisible a los ojos", mirar con una predisposición emotiva de animal doméstico. 

Al pedirle que lo devenga apprivoisé, el Zorro invita al Principito a ver su verdadera naturaleza, más allá de la de un simple animal, y a crear un lazo emocional que es mucho más valioso que cualquier cosa tangible. No busca su domesticación por necesidad física, sino en relación a un profundo anhelo de conexión. Es un acto de aceptación de la propia vulnerabilidad, que permite a ambos personajes trascender sus vidas solitarias y aprender lo que significa ser verdaderamente importante para Alguien.

Quien no se deja domesticar, evita compromisos y responsabilidades, pero jamás será alguien para nadie.