miércoles, 21 de octubre de 2026

INEPTOCRACIA

Friedrich August Hayek (1899-1992)


Ineptocracia: neologismo del latín ineptus (in-aptus: incompetente, incapaz, falto de aptitud o congruencia) y del griego krátos (κράτος: poder, gobierno o autoridad). Dícese del gobierno de los incompetentes.

Por la Red de redes, es decir por la Internet, circula una definición francesa de "L'ineptocracie" atribuida falsamente al filósofo y académico francés Jean d'Ormesson para referir al sistema de gobierno en el que los menos preparados para producir y para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y la riqueza de unos productores en número descendente (obreros, empresarios, autónomos, agricultores, ganaderos, artesanos, comerciantes...), y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías periclitadas, ideologías que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a personas idiotizadas por los medios masivos de alienación y por una instrucción adocenada y "buenista".

Según la IA Gemini, esta definición de "ineptocracia" es cita apócrifa que no aparece en ninguna de sus obras publicadas por Jean d'Ormesson. No obstante, importa menos si es o no cita del académico, que si es verosímil que la ineptocracia esté contaminando nuestras sociedades occidentales. Lo que importa es si la definición es aplicable a nuestros sistemas políticos o sólo se trata de una exageración del neoliberalismo antiestatalista o de la derecha conservadora, partidarios del mercado libérrimo y del capitalismo salvaje. 

¿Son nuestras sociedades del bienestar ineptocráticas o se encaminan a serlo sin remedio? Lo cierto es que por algo será que la cita atribuida al académico francés se ha hecho viral en las plataformas telemáticas. Cuando el río suena... También se ha atribuido la definición de ineptocracia, apócrifamente, a la autoridad de la filósofa y novelista Ayn Rand (de origen ruso y nacionalizada usamericana).

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El concepto, la definición exacta de ineptocracy (neologismo inglés) surgió originalmente en el ámbito angloparlante en torno a 2011, atribuida a pensadores libertarios o al político y filósofo canadiense Paul McKeever, partidario del objetivismo de Ayn Rand, como crítica del modelo asistencialista de Estado. El término "ineptocracia" designaba la institucionalización de la incompetencia en la esfera pública y se usaba para aplicar etiqueta peyorativa o connotación satírica a los efectos perniciosos del "Estado de bienestar", pues el Estado asistencial y garantista genera parasitismo, tanto abajo de la escala social, como arriba, en los puestos de mando.



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En un contexto diferente, en el capítulo X de Camino de servidumbre (1944) Friedrich A. Hayek se pregunta por qué son los peores los que acaban dirigiendo cualquier sistema de poder absoluto (Why the Worst Get on Top). No refiere el pensador austriaco a las socialdemocracias como McKeever, sino a los estados totalitarios. 

Hayek no usa el neologismo "ineptocracia", pero aborda la dinámica que facilita la escalada a los puestos de mando de personas ineptas o inaptas, es decir, cómo y por qué, en el sistema colectivista o totalitario de poder estatal absoluto, los poderes del Estado no acaban en manos de pensadores bienintencionados ni de guardianes de la ley (reyes o arcontes platónicos) ni en el apto arbitrio de gestores capaces, sino en las personas con menos escrúpulos morales, mandamases despiadados y los más proclives al servilismo demagógico.

¿Por qué los ineptos llegan a lo más alto o --por decirlo con una expresión paradójica-- cómo es que lo más desalmados, incluso dementes o psicópatas, acceden a alcanzar su "nivel óptimo de incompetencia, a convertirse en el alma activa de la polis? 

Hayek sostiene que el problema del totalitarismo no es un mero "error de personas" (la idea de que el sistema falló porque no gobernaron los adecuados), sino una consecuencia estructural del propio planificador central. Sucede que, para que un gobierno ejerza control total sobre la economía y la sociedad, necesita construir una masa homogénea de apoyo. Para ello, los dirigentes apelan inevitablemente a tres principios sociológicos:

1º: La búsqueda del mínimo común denominador educativo y moral: A mayor nivel de educación, cultura e independencia intelectual, mayor es la diversidad de opiniones y valores individuales. Por tanto, si un líder busca crear una masa uniforme y numerosa para respaldar un plan central, debe descender a los estratos de la sociedad donde las convicciones son más rudimentarias, los instintos más homogéneos y los criterios intelectuales menos exigentes.

 La masa atiende a ideas simples, así que hace caso de los simples, de los demagogos vehementes que apelan a sentimientos elementales, más que a razones o argumentos complejos y con matices. Por consiguiente, el grupo coherente necesario para sostener el poder no se recluta entre los más capaces o críticos, sino entre los más crédulos, dóciles y maleables, aquellos dispuestos a someter su juicio personal a una doctrina simplificada, vaga o absolutista.

2º: En segundo lugar, alcanzar el poder absoluto requiere mentiras constantes y promesas incumplidas, y sólo las personas sin escrúpulos están dispuestas a esto. Las personas decentes abandonan el partido escandalizadas por los tejemanejes de sus caudillos y las falsías de sus líderes carismáticos o son purgadas por estos, que ven en sus escrúpulos y críticas obstáculos para su ascenso o dominio.

3º: En tercer lugar, nada sirve mejor y más rápidamente para reunir a multitudes que el recurso al enemigo común (la moral del "nosotros contra ellos"). Es mucho más fácil lograr la adhesión de las masas mediante pasiones negativas (odio, envidia, frustración, resentimiento hacia un grupo ajeno), que mediante un programa positivo complejo. El líder totalitario busca un enemigo (sea una clase social, una minoría o un país extranjero) para cohesionar al grupo.

La tesis de Hayek culmina en una paradoja sobre la naturaleza del absolutismo: su incompatibilidad moral: Un sistema donde el Estado dirige cada aspecto de la vida exige que la moral colectiva esté por encima de la moral individual. Principios como la verdad, la compasión, el respeto a la propiedad o la tolerancia son sacrificados en nombre del "bien supremo" del colectivo.

El perfil del gobernante: Las personas con convicciones éticas tradicionales o escrúpulos morales se ven incapacitadas o asqueadas ante las acciones crueles que exige la maquinaria del Estado totalitario: represión, despojo o propaganda sistemática y pensamiento único.

La selección perversa: En consecuencia, quienes escalan con éxito en las estructuras de control político absoluto son aquellos para quienes "el fin justifica los medios". Los puestos de máxima autoridad son ocupados inevitablemente por los individuos más amorales, implacables y desprovistos de empatía.

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El concepto de "nivel de incompetencia o la idea de ascender hasta el "nivel óptimo de incompetencia", ¡o de "ineptitud!", procede del educador y psicólogo canadiense Laurence J. Peter, quien lo formuló en 1969 en su célebre obra satírico-sociológica El principio de Peter (The Peter Principle), escrita en colaboración con Raymond Hull.

La tesis fundamental de Peter sostiene que "en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia". 

¿Cómo funciona la dinámica del ascenso? Mediante promoción por desempeño pasado. Las organizaciones suelen promocionar a un trabajador en función de lo bien que desempeña su puesto actual, no por sus aptitudes para el nuevo puesto, de modo que un profesional competente sigue ascendiendo continuamente, de escalafón en escalafón, mientras mantenga su eficacia.

¿Hasta cuando? Hasta que alcance el tope de incompetencia, pues tarde o temprano, es promovido a un cargo que exige competencias, habilidades emocionales o capacidades analíticas que no posee. Una vez alcanzado ese puesto donde demuestra ser incompetente, deja de ser promocionable, pero rara vez, sobre todo en el ámbito público, es degradado o despedido. Por lo tanto, queda "atrapado" en su nivel de incompetencia.

Como consecuencia directa de esta dinámica, Laurence J. Peter dedujo dos corolarios famosos:

Corolario I: "Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus funciones".

Corolario II: "El trabajo real es realizado por aquellos empleados que aún no han alcanzado su nivel de incompetencia".

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Laurence J. Peter estructuró y popularizó su "Jerarquiología" en 1969, sin embargo, en la tradición del ensayo hispánico existe una intuición análoga expuesta décadas antes por José Ortega y Gasset. Hacia 1910, al analizar la burocracia y la administración pública, Ortega dejó escrito un aforismo en sintonía con esta idea:
"Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes."
Sin embargo, en la literatura sobre teoría de la organización, sociología y administración de empresas, la autoría formal del término y de la ley se le atribuye unánimemente a Laurence J. Peter. Una prueba más del ninguneo del pensamiento hispano en la esfera internacional.


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