Por la Red de redes, es decir por la Internet, circula una definición francesa de "L'ineptocracie" atribuida falsamente al filósofo y académico francés Jean d'Ormesson para referir al sistema de gobierno en el que los menos preparados para producir y para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y la riqueza de unos productores en número descendente (obreros, empresarios, autónomos, agricultores, ganaderos, artesanos, comerciantes...), y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías periclitadas, ideologías que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a personas idiotizadas por los medios masivos de alienación y por una instrucción adocenada y "buenista".
Según la IA Gemini, esta definición de "ineptocracia" es cita apócrifa que no aparece en ninguna de sus obras publicadas por Jean d'Ormesson. No obstante, importa menos si es o no cita del académico, que si es verosímil que la ineptocracia esté contaminando nuestras sociedades occidentales. Lo que importa es si la definición es aplicable a nuestros sistemas políticos o sólo se trata de una exageración del neoliberalismo antiestatalista o de la derecha conservadora, partidarios del mercado libérrimo y del capitalismo salvaje.
En un contexto diferente, en el capítulo X de Camino de servidumbre (1944) Friedrich A. Hayek se pregunta por qué son los peores los que acaban dirigiendo cualquier sistema de poder absoluto (Why the Worst Get on Top). No refiere el pensador austriaco a las socialdemocracias como McKeever, sino a los estados totalitarios.
¿Por qué los ineptos llegan a lo más alto o --por decirlo con una expresión paradójica-- cómo es que lo más desalmados, incluso dementes o psicópatas, acceden a alcanzar su "nivel óptimo de incompetencia, a convertirse en el alma activa de la polis?
1º: La búsqueda del mínimo común denominador educativo y moral: A mayor nivel de educación, cultura e independencia intelectual, mayor es la diversidad de opiniones y valores individuales. Por tanto, si un líder busca crear una masa uniforme y numerosa para respaldar un plan central, debe descender a los estratos de la sociedad donde las convicciones son más rudimentarias, los instintos más homogéneos y los criterios intelectuales menos exigentes.
2º: En segundo lugar, alcanzar el poder absoluto requiere mentiras constantes y promesas incumplidas, y sólo las personas sin escrúpulos están dispuestas a esto. Las personas decentes abandonan el partido escandalizadas por los tejemanejes de sus caudillos y las falsías de sus líderes carismáticos o son purgadas por estos, que ven en sus escrúpulos y críticas obstáculos para su ascenso o dominio.
La tesis de Hayek culmina en una paradoja sobre la naturaleza del absolutismo: su incompatibilidad moral: Un sistema donde el Estado dirige cada aspecto de la vida exige que la moral colectiva esté por encima de la moral individual. Principios como la verdad, la compasión, el respeto a la propiedad o la tolerancia son sacrificados en nombre del "bien supremo" del colectivo.
El perfil del gobernante: Las personas con convicciones éticas tradicionales o escrúpulos morales se ven incapacitadas o asqueadas ante las acciones crueles que exige la maquinaria del Estado totalitario: represión, despojo o propaganda sistemática y pensamiento único.
La selección perversa: En consecuencia, quienes escalan con éxito en las estructuras de control político absoluto son aquellos para quienes "el fin justifica los medios". Los puestos de máxima autoridad son ocupados inevitablemente por los individuos más amorales, implacables y desprovistos de empatía.
La tesis fundamental de Peter sostiene que "en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia".
Como consecuencia directa de esta dinámica, Laurence J. Peter dedujo dos corolarios famosos:
Corolario I: "Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus funciones".
Corolario II: "El trabajo real es realizado por aquellos empleados que aún no han alcanzado su nivel de incompetencia".
Laurence J. Peter estructuró y popularizó su "Jerarquiología" en 1969, sin embargo, en la tradición del ensayo hispánico existe una intuición análoga expuesta décadas antes por José Ortega y Gasset. Hacia 1910, al analizar la burocracia y la administración pública, Ortega dejó escrito un aforismo en sintonía con esta idea:
"Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes."Sin embargo, en la literatura sobre teoría de la organización, sociología y administración de empresas, la autoría formal del término y de la ley se le atribuye unánimemente a Laurence J. Peter. Una prueba más del ninguneo del pensamiento hispano en la esfera internacional.


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