martes, 14 de julio de 2026

METÁFORA


Génesis 2 (2020)

 Dice María Pascual Fernández en su manual de Teoría y técnica literaria que la metáfora es el tropo o figura retórica por excelencia. La palabra griega μεταφορά (metaphorá) la usaban los griegos para referir al traslado de una cosa. Aristóteles la usó en Poética para designar el transporte del significado de una palabra al territorio semántico de otras con el fin de iluminar ideas nuevas. Las palabras viajan con el bagaje de sus elásticos y ambiguos significados. 

Los estudios semiólógicos (o semióticos) sobre la metáfora, bien semánticos o bien pragmáticos, han adquirido en la actualidad gran interés y amplitud, complicando en ellos a la filosofía, a la psicología cognitiva y a la inteligencia artificial. Se discute si todo lenguaje es metáfora o las metáforas son atentados contra las reglas, contra la convención del significado que recoge el diccionario y que garantiza que el lenguaje sea instrumento fiable para significar presencias reales. 

Por una parte, hay metáforas tan ricas y continuadas que forjan alegorías que valen por modelos de mundos reales o posibles: "La vida es sueño", "el universo está diseñado inteligentemente", "Dios artesano", "el tiempo es oro", "la paloma de la paz", "homo ludens".... Los mitos son juegos complejos de metáforas. El mito más conocido, interpretado y aplicado de la filosofía occidental, la caverna platónica, despliega sistema sucesivo de metáforas en el que fuego vale por sol, sol por idea del bien, prisioneros por humanos, esforzada ascensión por educación (paideía), etc. 

Según la teoría de la interacción, las metáforas son usos especiales de expresiones lingüísticas, donde una expresión 'metafórica', o foco, se inserta en otra expresión 'literal', o marco, de modo que el significado del foco interactúa con y cambia el significado del marco y viceversa. Puede oponerse esta teoría --como hace Stephen C. Levinson (1)-- a la teoría de la comparación, según la cual las metáforas son símiles con las predicaciónes de similaridad (como, igual que, similar a, etc) suprimidas o elididas. De este modo "Antonio es un águila" equivale semánticamente a "Antonio es como un águila" (por su talento para los negocios, por ejemplo). 

Germinales (2020)

La hipótesis de un origen metafórico del lenguaje (o de sus conceptos, como supuso Nietzsche, metáforas desgastadas como monedas que han perdido su impronta) congrúe con la antropología que define al humano como animal simbólico (la cruz es símbolo y metáfora del cristianismo). Mediante metáforas salta el pensamiento de un significado y de un referente a otro explotando la capacidad del pensamiento para establecer correspondencias. Tal correspondencia lleva desde antiguo el nombre de analogía (ἀναλογία, analogía). Los griegos entendieron la analogía como cualidad de lo que es "conforme a una proporción" o "según una razón matemática". Se trata de una relación más según el orden de coexistencia espacial que según el orden de sucesión temporal.

Hoy se discute si se puede hablar o no con propiedad de un significado figurativo o metafísico, ¿puede la palabra "rubí" significar, propiamente, el labio de la amada? Eso por citar una metáfora manida o abusada. También se llama catacresis a la metáfora fosilizada que significa precisamente porque ha perdido su valor poético y expresivo. El lingüista Max Müller llamaba a este proceso "la mitología del lenguaje", donde la poesía de ayer se convierte en el sentido común de hoy. Y así, decimos "patas de la mesa", "cuello de la botella", "diente de ajo", "boca de metro", "lomo de libro", o llamamos "romper el hielo" al iniciar una conversación entre desconocidos, o "hacer hincapié" al énfasis verbal, sin aprecibirnos de que fueron en su origen expresiones figuradas, pues ni las mesas tienen patas ni los libros lomos...

Nos alejamos mucho del mundo cuando predicamos metáforas de metáforas si, por definición, la metáfora no pertenece a las presencias, sino a los fantasmas, a lo imaginable (las rosas de sus mofletes, el canalillo de su escote...). Sólo una mujer fantasmagórica puede llevar rubíes por labios, perlas por dientes e hilos de oro por cabellos, etc. Podemos denunciar un intelectualismo que no medita con conceptos rigurosos representados por términos únicos bien definidos, sino en metáforas nebulosas, que no usa ideas precisas, sino imágenes etéreas (siendo así que se demostró que la "quinta esencia" aristotélica, o sea el éter, no existe). 

Criticar lo imaginario que se hace pasar por ciencia fue lo que hizo Platón y hace Miguel Espinosa en La fea burguesía (1990). Lacan, por ejemplo, no explica sus conceptos mediante definiciones claras, sino a través de formalizaciones matemáticas (matemas) y por medio de metáforas espaciales, topológicas o mecánicas. Metáforas y metáforas de metáforas. Su mente trabajaba en una imprecisa región de patrones y en una borrosa galaxia de falsillas, ajenas a las existencias, apartadas de cualquier presencia, vueltas de espaldas a toda realidad. El extremo de este modo de textualizar los saberes humanos o las ciencias sociales puede interpretarse como sofística obscura, incierta y artificiosa, construida con palabras que refieren a palabras, expresiones figuradas que refieren a otras no menos traslaticias. Alan Sokal probó con su broma de 1996 el fraude de estos discursos cuya obscuridad es proporcional a su vanidad y vacuidad... Vanidad y vacuidad que hacen paradójicamente verosímil la sentencia lacaniana: "El objeto a es la metáfora del vacío central del sujeto". Una proposición del maestro del psicoanálisis puede pasar por una completa alegoría, estructurada a base de metáforas elusivas: 

"El inconsciente no está en lo más profundo del sujeto, sino que es exterior; la estructura del sujeto es como una banda de Moebius, donde lo más íntimo (el Ello) coincide con lo más externo (el Otro)".

He conocido a gentes que han hecho de estas monsergas crípticas vocación religiosa y elevación mística. Los significados de palabras han sido trasladados (metaforizados) a un universo simbólico y fantasmagórico tan obscuro como el latín eclesiástico, lenguaje de dioses atesorado por mentes pertenecientes a minoría selecta, enmucetada y académica. Gusta al hechicero disfrazar sus poderes con jerigonzas vagas y galimatías incomprensibles.

No obstante, hemos de reconocer, olvidando el caso extremoso, el valor cognitivo de las metáforas. Mary Brenda Hesse (1924-2016) puso de relieve la importancia epistemológica de las metáforas científicas, tanto en el contexto de descubrimiento (herramientas heurísticas), como en el de justificación (predicción y contrastación). Pongamos el caso de los populares "agujeros negros". 

Indudablemente, toda metáfora compromete la intención del que la usa oralmente o la escribe y del que la escucha y entiende. G. Lakoff y M. Johnson han explicado que parte de nuestra experiencia cotidiana del mundo y de nuestras relaciones sociales está estructuradas metafóricamente. Alguna razón hay que reconocerle a Lacan al hacer de las metáforas el eje explicativo de su reflexión sobre el alma (o el Yo, el Ello, el SuperYo, el Otro, etc.). Pero una cosa es que la conciencia individual o el inconsciente, aún provisional, inestables o fragmentados, estén conformados por metáforas y otra cosa es que nuestro discurso sobre todo eso (psique, mente, alma o como se quiera llamar) haya de ser por completo metafórico, como un bosque de símbolos.


Gérmenes (2020)

El uso tradicional de las metáforas, más que científico, ha sido estético, poético e inventivo. Mediante esos juegos e interacciones entre significados y sinergias entre palabras, interacciones y relaciones entre sentidos literales (denotaciones, extensión) y sentidos más o menos figurados (connotaciones, intensión), los seres humanos inventamos mundos, porque las palabras son semánticamente elásticas, abarcan dominios heterogéneos y ámbitos mentales de límites borrosos. Las palabras son --según precisó Eugenio d'Ors-- generadoras de realidad, porque... 

"Hay en cada palabra un germen, unas posibilidades, un movimiento. Hay un impulso del pensar, una potencia activa de enlace, fuente de metáforas y de figuras. Hay igualmente una herencia, una impregnación en relentes allí acumulados, de cada vez que la palabra ha servido, sobre todo si ha servido al genio. Hay, por fin, una fuerza de proliferación, ora poética, ora heroica --de cada palabra cabría decir lo que Nietzsche del hombre, que 'es algo que desea ser superado'--, que nuestra mente puede captar. Toda palabra, pues, tiene de una parte, una forma; de otra parte, un significado; de otra parte, y es lo más misterioso de ellas, un sentido. La más profunda, la más valedera de las comprensiones de un vocablo será aquella que penetra el secreto de su sentido." (El secreto de la filosofía, II, IV).

Ella misma, la metáfora, de suma importancia como se sabe en todas las artes, así como en la propaganda política y en la publicidad comercial, desde los tiempos más remotos, es germen y herencia de posibilidades inventoras, aunque también pueda ser usada como algo manido e insustancial, como "el queso de la luna", "el espejo de tus ojos" o "la llama de amor".

María Pascual distingue la metáfora como símbolo ("el sembrador evangélico"), como imagen ("sierpe de cristal" es foco metafórico del marco: río) y como visión ("las siete moradas" o "castillo interior" de Santa Teresa). La metáfora se caracteriza por una desviación en la denominación o la referencialidad, sea de una palabra o de una proposición, tal desviación es común a la metáfora, a la sinécdoque (el todo por la parte o viceversa) y a la metonimia (causa por efecto o viceversa), por lo que algunos teóricos han visto en la metonimia y la sinécdoque meras especies de metáfora.

¡Cuán misterioso es el lenguaje!

Notas y Bibliografía

(1) Stephen C. Levinson. Pragmática, Teide, Barcelona 1989.

-- Eduardo de Bustos Guadaño, "Metáfora", en Filosofía del lenguaje II. Pragmática, Trotta, Madrid 1999.