lunes, 3 de agosto de 2026

METÁFORA / 2

 


Metáfora es figura que expresa equivalencia, semejanza o similitud, entre dos polos de diferente naturaleza. La metáfora introduce intensión o connotación en la extensión o denotación de las palabras. Es juego de palabras, pero también caben metáforas icónicas, no verbales, gestuales e incluso musicales (el toque militar de retreta, por ejemplo). Aristóteles consideraba la metáfora poética como palabra trasladada cuando dos términos entran en relación analógica (ejs.: la luna es un espejo, boca de fresa, sueño plúmbeo, hacer leña del árbol caído). Se trasladan los significantes y migran los significados. En contraste con la onomatopeya, la metáfora no es mímesis, no imita la cosa o cosas significadas. En ella entra en escena un juego de segundo nivel, analógico. La onomatopeya (el "guau" del perro, el "kikirikí" del gallo, el "hipo", etc.) supone una relación previa a la metáfora porque contiene restos sonoros del mundo.

El sentido de la metáfora nos enfrenta a la concepción del significado como concepto objetivo, el Sinn de Frege, y al complejo problema de la verdad, que Davidson despacha diciendo que las metáforas no significan nada. Ortega, más discreto, afirma que las metáforas van más allá, que gracias a las metáforas conseguimos aprehender lo que se halla más lejos de nuestra potencia conceptual (El Espectador, IV). Derrida exagera diciendo que la metáfora es la única tesis de la filosofía: "el cimiento oculto de toda la filosofía occidental" (en Márgenes de la filosofía, 1972). "¿Quién no se pone extremado / cuando se pone poético?", exclama El Coro Celeste de Rafael Ballesteros (en Jacinto, auto sacramental postista). Lo que subraya Derrida con razón es que la filosofía ("mitología blanca") no puede acreditarse como lenguaje literal, meramente racional, y que, por ende, muchos de los conceptos que usamos como filosofemas o unidades ideológicas son "metáforas muertas".

¿Por qué se producen metáforas? ¿Cómo se generan? Nietzsche antes que Derrida refirió a la metáfora elemental que significa la palabra como "reproducción en sonidos de un impulso nervioso". A esta similitud se añade la transformación de un sonido en imagen o figura. Confiados en los conceptos y en su presunta objetividad, olvidamos el mundo primitivo de las metáforas del que las ideas proceden. Aquellas imágenes se petrificaron en nociones abstractas, como metáforas muertas que han perdido su carácter traslaticio. Las metáforas vivas nos obligan a confrontar dos conceptos. Se trata de una interacción subjetiva entre sus campos semánticos. Esa subjetividad entraña ya un horizonte de convenciones y depende de los usos históricos de la lengua, pues las metáforas son semejanzas que nacen y se desarrollan en el seno de la lengua, en los nombres, en las oraciones, en los textos, en enigmas, parábolas, fábulas, ficciones... 

La metáfora hace cognoscible lo significado gracias a la semejanza (Aristóteles, Topica 140a9) que Quintiliano llama similitudo. La metáfora verbal o literaria juega con la semejanza o similitud entre referentes y significados. Foucault describió cuatro formas de similitud: convenientia, aemulatio, analogia y sympathia. En rigor, nada es semejante a nada, salvo si establecemos un criterio exterior a la cosa. La calma del aire y la bonanza marítima pueden concebirse como especies de reposo si hacemos del reposo un género. La semejanza la aporta siempre la intencionalidad, el contenido intencional que se connota y se opone al contenido meramente denotado o descriptivo. Ejs.: Pino = penacho de la montaña (conveniencia);  ojo = sol del rostro (emulación); ciprés = surtidor de sombra y sueño (analogía); miradas = imanes que acortan la estancia (simpatía).

Nietzsche sitúa la metáfora en la génesis del concepto, pero también cabe, al contrario, explicar la metáfora como resultado de un proceso de crecimiento de la semántica evolutiva. "A medida que el ser humano evoluciona, su lenguaje se hace cada vez más metafórico o poético... Esto es debido al propio proceso de la expansión de la conciencia, que ya no puede encorsetarse en el léxico común para transmitir otras percepciones o comprensiones" (Carrión. El poder de las metáforas).

"Cierto día Nasrudín iba paseando con su pequeño primogénito de apenas tres años. Un amigo se les apróximó y dirigiéndose al retoño le preguntó: -- A ver, guapo, ¿qué es una berenjena? -- Un ternero recién nacido de color morado que aún no abrió los ojos. -- Contestó inmediatamente el hijo. Rebosante de alegría, el padre abrazó al pequeño y lo cubrió de besos. -- ¿Has oído ¡Igualito que su padre! Yo nunca se lo expliqué, ¡él solo lo ha sabido!"

Dijo Umberto Eco que el mecanismo de invención de metáforas nos resulta en gran medida desconocido. Un hablante puede inventar metáforas por casualidad, por incontrolada e involuntaria asociación de ideas. Los surrealistas buscaron jugar con esta prerrogativa de la mente: metáforas por error, alboroto, barullo, confusión de ideas, tremolina sináptica.


Metáfora icónica de Idígoras y Pachi,
tras los incendios que asolaron España en 2026

Un filósofo puede hacer consistir su filosofía en la discusión o refutación de una metáfora, o de un juego completo de metáforas (alegoría). Tal el caso de Leibniz, cuando confuta la analogía racionalista del hombre y la máquina, es decir el mecanicismo que suele asociarse a Descartes, pero que procede (como señala acertadamente Pedro Redondo) de Marín Mersenne, "fraile mínimo" y científico máximo. Descartes naturaliza la metáfora con su noción del cuerpo-autónomo y, después, Julien Offray de la Mettrie publica L'Homme Machine (1747). La metáfora supone en este caso la traslación de la ingeniería mecánica a la fisiología humana  en la Harmonie Universelle de Mersenne (1636), de modo que todo proceso natural debe explicarse mediante pesos, medidas, palancas, fuelles, engranajes... También Thomas Hobbes usará las metáforas del muelle-corazón y de las articulaciones-ruedas. Todas estas similitudes fueron refutadas por Leibniz en su Monadología. La Dinámica sustituiría a la Mecánica. Según Leibniz, la figura de la máquina tal vez sirva para describir el funcionamiento de los sentidos, pero jamás explicará una percepción.

Nietzsche también se sirvió de metáforas y símiles para explicar que el lenguaje es una red que nos atrapa en nuestro intento e instinto de dominar, conocer la realidad, una red hecha ab initio de tropos, de figuras retóricas. Pensamos con palabras que están cargadas de fantasías y de pulsiones: El intelligere es posible porque, precisamente, se ha dado antes el ridere, lugere y detestari. Por eso, la verdad es para Nietzsche "una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos". Nuestras verdades han olvidado su origen ilusorio en cuanto metáforas. Un lenguaje literal, sin tropos, es quimera. No obstante, eso no hace inservible la pretensión legítima y científica de rehuir, en la medida en que ello es posible, las metáforas, meditante la construcción sitemática de terminologías rigurosas. Lógica y Retórica son disciplinas distintas pero de límites borrosos. De la hoja arquetípica, me refiero a la hoja de las plantas, cabe decir algunas cosas (esa forma ideal concebida por Goethe), aunque el concepto hoja tenga un origen sensible, olvidado, y sólo sintamos la presencia real de hojas individuales vivas o muertas.

También para el Ortega de la Idea de Principio en Leibniz --como para Nietzsche-- cualquier término puede usarse como metáfora o, mejor dicho, "toda lengua está en continuo proceso de metaforización", es decir, organizada sobre una herencia léxica que nació de la desviación o distorsión semántica. Ortega se dio cuenta de que la metáfora no sólo reconoce una semejanza o analogía, sino que la crea, aunque naturalmente para que funcione ha de poder ser reconocida intersubjetivamente como desvío significativo. Dichos desvíos o anomalías no son errores, sino que guardan intuiciones perfectas de fenómenos fundamentales, por eso hay sabiduría en la etimología y no sólo mero saber filológico. Todo esto supone cierta correspondencia, no mera convención, entre ser, pensar y hablar (o escribir). El problema de la verdad de las metáforas admite antes que nada una consideración gradualista. Las metáforas desvelan el ser, tal desvelamiento posee un componente gnómico y estético. "la verdadera palabra llama a la cosa", incluso resucita el nombrar primigenio, aquel "por primera vez", Tal uso alude a la invención o nostalgia de una lengua adámica que hoy no es otra cosa sino lo estadísticamente habitual.

"Las metáforas quizás sean una de las potencialidades más fructíferas del hombre. Su eficacia raya en lo mágico, y parece una herramienta para la creación que Dios olvidó dentro de una de sus criaturas cuando la creó" (José Ortega y Gasset, "Ensayo de estética a manera de prólogo,1914.)

¿Pueden existir las metáforas privadas? Ludwig Wittgenstein, con su famoso argumento contra el "lenguaje privado", parece haber demostrado que es lógicamente imposible crear un lenguaje donde las palabras refieran a sensaciones íntimas que solo el hablante puede conocer, porque los usos de las palabras están sujetos a reglas compartidas. Una "metáfora" o figura verbal que sólo tú puedes descodifiar o interpretar no comunica nada, y sólo es un síntoma psicológico, como gesto hermético que ni siquiera vale como chiste. Sin convención pública y compartida no hay transgresión poética posible ni desviación semántica efectiva. Sin uso normal, no puede haber uso anómalo. 

Según Derrida, todo signo y toda metáfora está marcado por la iterabilidad, es decir, por su capacidad formal para repetirse, citado o arrancado de su situación y contexxto original. Una "metáfora privada", exclusiva e irrepetible, no es lenguaje. Puedes introducirla en el lenguaje general. Así, ya que el olor del hinojo me trae el recuerdo de paseos veraniegos, infantiles y campestres, de la mano de mi madre, puedo llamar a la leche materna "hinojo nutricio", tal expresión sólo valdrá para mí como metáfora, la ternura que me inspira la expresión, pero ¿puedo pretender que tenga un valor emotivo y estético público?


Búho de Pedro Cazalla Ureña

Para el Estagirita eran las cuadrículas lógicas del género y la especie (del Árbol de Porfirio) las que impedían la absoluta privacidad, pues no hay metáfora posible que conecte tocino y velocidad (¿o sí?, ¿no es esta absurda conexión una metáfora o figura imaginaria para referir a un género de relaciones arbitrarias?). La metáfora tiene en todo caso un efecto, reconocido por Aristóteles, de extrañamiento, pues crea un horizonte de inéditas expectativas. El conjunto de las metáforas de un poeta constituyen lo que podríamos llamar su imaginario. Se habla también del imaginario de una época o de un grupo social. En general las metáforas, como cualquier otra locución, sólo significan efectivamente en una situación dada.

Hay imaginarios epocales (el medieval, el renacentista), estéticos (clásico, barroco, romántico), de clase (burgués, proletario), de subclase (friki), culturales (American Dream), de subcultura marginal (de las flappers), de tal o cual religión o secta política (imaginario cultual, cristiano, fascista, comunista, etc.), y están los imaginarios que podríamos llamar "idiotas" o "idiotistas", el de un demente, pero también el conjunto de metáforas predilectas de un poeta, de un dramaturgo, de un pintor..., ¡o las principales alegorías de un gran filósofo! V. gr., el imaginario de Platón lo componen el Carro alado, la Caverna, Er, las Cigarras filósofas, el Llano de la verdad, etc. Incluso un filósofo tan abstracto y logicista como Kant, tuvo su "Cielo" y su "paloma".

Las metáforas, entendidas en sentido amplio tal y como hace Carrión, incluyen relatos, leyendas, parábolas, mitos, etc., y actúan como modificadores de nuestras representaciones internas, y éstas son la base de nuestros estados íntimos y emociones personales, que a su vez son el combustible de nuestras acciones. Por eso se están usando metáforas transformadoras o psicoanalogías para cambiar o mejorar la vida de las personas en programas de visualización creativa o "psicopictología". Se trata de desarrollar imágenes y relatos mentales para llevarnos a estados de conciencia superiores, a estados deseados. Pero también cabe el uso político o demagófico, publicitario o propagandístico de tales técnicas para conducirnos gregariamente a estados de conciencia no deseados, alienados, pues cabe también una aplicación torticera y perversa de psicoanalogías y psicopictologías. 



Carrión aborda el uso de "metáforas" desde una perspectiva metodológica de Programación Nurolingüística (PNL). Desde este punto de vista, la metáfora se entiende como expresión que acicala la narración y ayuda a ilustrar aspectos y problemas vitales de forma ágil y acertada: "Bebí de la miel de sus labios", "la miré atravesando la obscura noche de sus pupilas"..., las metáforas, además de un uso estético, tienen también un uso político, lectivo, adoctrinante, educativo y terapéutico, tanto como historia real o como relato fabulado. En este sentido, interesa recordar la definición de Joseph Campbell, que pone en valor al mito como pista de las potencialidades espirituales de la vida humana, de lo que somos capaces de experimentar en nuestro interior. 

Derrida tendría razón (igualmente una "razón metafórica") al reducir la filosofía a "Mitología Blanca", e. d., a un sistema de metáforas (en sentido amplio, incluyendo sinécdoques y metonimias) un orden que, sin embargo, niega ser metafórico, porque pretende acreditarse como puro logos, Logos o Verbum que se restituye a lo figurativo como Hijo, en expresión histórica, de la Voluntad divina. Richard Rorty ha criticado la oposición de la Filosofía a ver en la metáfora la sede de la verdad. Los filósofos han pretendido segregar el lenguaje de la verdad del lenguaje de la apariencia, el racional del figurativo, lo cual apunta a la antigua esperanza de un lenguaje que no pueda ser objeto de glosa, que no requiera interpretación, que no pueda ser desdeñado por generaciones venideras. El problema complejo es, por supuesto, el de las relaciones de ambos lenguajes y el de su frontera, que no es la misma en Baltasar Gracián que en Kant.

Umberto Eco expuso magistralmente las aporías tanto de la determinación de la metáfora por la idea de semejanza entre significados y/o referentes, como por la idea de desviación [o distorsión] del uso semántico literal de las palabras. Si la metáfora funda el lenguaje, sólo puede hablarse metafóricamente de la metáfora, con lo que toda definición de la metáfora resulta circular. Pero si interpretamos la metáfora como perturbación (sobre todo estética, si se quiere) de un supuesto significado literal o una violación de la normativa semántica, entonces el metalenguaje teórico tiene que hablar de algo que, por su propia construcción, es incapaz de definir. Usamos palabra para hablar de lo que no se puede, según Wittgenstein.

Las causas más evidentes de la anomalía que representa la desviación semántica de la metáfora parte de la ampliación y la reducción. Ejemplo de amplificación: "bárbaro" como cruel o vandálico ("vandálico" es también metáfora); ejemplo de reducción o rebajamiento: ("muchos, en grupo, / en sardinera forma", Rafael Ballesteros). La metáfora por reducción suele valer para crear un anticlimáx. Hubo retóricos que asimilaron a la metáfora las sinécdoques de la parte por el todo (España ha jugado bien) y las metonimias (¿has visto el modigliani?). Si aceptamos, como es el caso, que lo cotidiano está preñado y confundido de metáforas, habremos de aceptar que en sus usos y juegos de lenguaje siempre habrá un sentido más allá, como fantasma o intruso inserto en el dispositivo o, al menos --como dice Pedro Redondom en sus excursos-- fósiles de metáforas. Pero tales fósiles pueden ser revitalizados como Orejas de Judas", esas setas de color chocolate que recuperan la vida con el agua, quiero decir revivificados por el genio del artista o por el ingenio del hablante. 

"Cráneos" de Guillermo Fdez. Rojano

Pedro Redondo llama "venerable" a la concepción de la Lengua como "figura de la realidad" (recogida por el primer Wittgenstein), figura que consiente la verdad entendida como adaequatio y también la verdad tal que descubrimiento (aletheia), gracias a la desviación metafórica que aporta nuevas valoraciones y analogías, inéditas semejanzas e imprevistos contrastes. Sin embargo, que un lenguaje se distancie en su uso de la literalidad no conlleva necesaria ni lógicamente que se vaya a ganar en conocimiento o en poder heurístico. El saber usa metáforas para referir a realidades no previstas por la lengua. Umberto Eco insistió en que el pensamiento, que en general opera sobre estructuras supuestas por la lengua, no depende en última instancia de la misma y es capaz de avanzar en ámbitos no planeados ni anticipados por el lenguaje. Por ejemplo, la palabra "espín" (inglés spin), para describir la rotación del electrón, fue tomada del ámbito semántico del trenzado textil. Este fenómeno de la catacresis o designación de algo que carece de nombre mediante un tropo o expresión metafórica ya fue descrito por Aristóteles, por Cicerón y por Quintiliano. Esto no invalida la afirmación de Mario Bunge según la cual las representaciones científicas son simbólicas (o aspiran a serlo), es decir, intentan ser no metafóricas, no pictóricas, porque la ciencia aspira a construir sus representaciones conceptuales con ladrillos matemáticos, en vez de con imágenes.

Ortega explicó cómo los términos adquieren nuevas significaciones. D'ors se refirió como nadie a ese poder germinal de las palabras, pero dicha capacidad es siempre a partir del "lenguaje usadero" (Ortega), o sea, el heredado que permite que nos entendamos (levantados sobre espaldas de gigantes). Esto recuerda la afirmación kantiana de que "la razón solo reconoce lo que ella misma produce según su bosquejo" (ejemplos o esquemas) o, como decía Popper, sólo podemos contrastar si previamente enunciamos. La imaginación sólo puede crear sobre la base que le proporciona la memoria, su inseparable hermana siamesa.

En cierto sentido, las expresiones metafóricas, como dice Zemach, son irrefutables pues "la esencia" que una metáfora instituye depende de valores y deseos personales. Pone el ejemplo de un psiquiatra que dice de su paciente que "se casó con su madre". Zemach recurre a la noción de "esencia" como anclaje para establecer el significado metafórico o su "campo semántico". Al contrario, Donald Davidson sostuvo que las metáforas no tienen contenido cognitivo, son sugerencias, propuestas de que algo se ve como otra cosa ("ver como no es ver qué"). Sugestiones mentales. Los símiles son --o pueden ser-- verdaderos; las metáforas, no, si bien las metáforas pueden hacernos prestar atención a alguna semejanza... Lo cierto es que las metáforas no pueden reducirse por completo a paráfrasis. Podríamos decir que las metáforas insinúan o refieren a posibilidades, ampliando la noción wittgensteniana de Sachverhalt, la metáfora instaura una posibilidad o estado de cosas que no puede confundirse con una situación de hecho (Tatsache). Pero el mundo no es sólo la totalidad de los hechos, sino que también abarca el conjunto virtualmente infinito de insinuaciones que motivan, inventan y crean en nosotros tales hechos. 

En su diario de 1950, Hannah Arendt refirió al plus metafórico (jenseits, surplus) como apertura verdadera a la realidad, y además supone dicha apertura como base de la adaequatio rei et intellectus, donde dicha adecuación no es identidad, sino hacia la identidad: ad-aequatio, cuando la realidad vibra en el enunciado. Cabe al arquetipo lingüístico la posibilidad de destilar lo que siento, cabe recoger de manera nebulosa en el lenguaje la frontera del dolor. El tropo retórico puede generar verdad in nuce, en palabras, al solidificarse, al reificarse, al objetualizarse..., ¡abre claros en el bosque!, por decirlo con metáfora zambraniana, donde el mismo olvido de la ingenuidad metafórica es clarificador, a fin de cuentas de ese olvido de las diferencias y singularidades nace la identidad del concepto, sus universalidades. Mas ya Aristóteles afirmó como más filosófica la poesía que la historia, precisamente por decir más lo universal que lo particular, siendo lo universal aquello según "la probabilidad o la necesidad".

La metáfora suprema, tan arbitraria como necesaria es la generalización que nos permite olvidar la indeterminación e infinitud abismática de la multiplicidad y que recoge (λέγειν) toda esa infinitud (el "sobresalto" de la realidad de Arendt) en un logos o concepto universal que tiende a cero propiedades. Ese es el transfert principal, que va de la imagen a la idea, de la percepción a la definición que busca el socratismo. De esto sensible (la sustancia primera de Aristóteles) al lenguaje.

Bibliografía

Pedro Redondo Reyes. Minima Philologica. Hacia una fundamentación filosófica de la filología clásica, Universidad de Murcia, 2022.

Salvador A. Carrión. El poder de las metáforas. Las técnicas de PNL aplicadas a la construcción de cuentos y metáforas, PNLbooks Ediciones, 2009.