martes, 1 de diciembre de 2020

OBSCENO


Significa lo que resta fuera de la escena, lo irrepresentable. Los griegos consideraban la violencia obscena. No así los romanos. Eurípides hizo que su Medea, la maga enamorada, vengativa y enloquecida por la ingratitud y el adulterio de Teseo, asesinase a sus hijos fuera de escena y de la vista del público, no así Séneca, que expuso a los espectadores de su tragedia Medea, acostumbrados al sanguinario espectáculo de gladiadores, a semejante atrocidad.
Lo rojo (sangre y violencia) y lo verde (sexo) se velan y desvelan,  fácil y seguro aliciente, en el arte y en todas pantallas y monitores del mundo
No habría que prohibir lo que no nos gusta de ningún modo...

miércoles, 23 de septiembre de 2020

GUERRA


GUERRA


“La otra mala traidora,/ cruel y muy enemiga,/ de todos males amiga,/ de sí misma robadora”.

Así empieza la Copla XXVI de Mingo Revulgo que comenta Hernando del Pulgar, secretario y embajador de Isabel la Católica. El glosador añade que la peor de las guerras es la que llama “intrínseca” y nosotros llamamos “civil”, porque no se guarda en ella amistad a quien debe ser guardada.

Pone el ejemplo de las discordias romanas cuyo dolor y llanto más grande, que llegó a los que vencieron, lo sintieron cuando fueron al despojo y uno hallaba el cadáver de su hermano, otro el de su primo, otro el de su hijo o el de un amigo, y así se les convirtió el placer de la victoria en llanto y tristeza, “viéndose homicidas de su propia sangre”. 

De donde podemos creer –concluye Pulgar- "que gana más el caritativo con la concordia, que alcanza el guerrero con la discordia en que le pone su codicia”.

Y peor aún…, cuando la discordia y la división se generalizan en el campo, en las ciudades y en las casas, aún dentro de sí mismo se hace la guerra el hombre, en el espíritu de cada ser humano combaten sentimientos y rencores.

La guerra es tan mala -dejó escrito Erasmo de Roterdam-, que la hacen mejor los peores.

jueves, 23 de julio de 2020

DORMIR

El impecable y poético texto de Pessoa:
DORMIR

"Dormir, ser lejano sin saberlo, estar echado, olvidar con el propio cuerpo; tener la libertad de ser inconsciente, un refugio del lago olvidado, estancado entre frondas verdes, en los vastos alejamientos de las florestas. Una nada con respiración por fuera, una muerte leve, de la que se despierta con añoranza y frescor, un ceder de los tejidos del alma al ropaje del olvido".

Fernando Pessoa. LIBRO DEL DESASOSIEGO.

Ilustración: José Biedma López. *El durmiente*, detalle, óleo sobre lienzo, 1982.

domingo, 4 de marzo de 2018

CAVERNA

Silueta de Luisa et al. en la gruta de la Latomía del Paraíso.
Siracusa (Sicilia) 2007

De chico soñaba despierto que escarbaba una gruta con mi amigo Salcedo. No muy grande. Suficiente para guarecerse, para hacer vida íntima en ella. Y en esa dulzura de techo convertido en manta me acunaba, amodorrado hasta dormirme. Pensé luego que tales sueños serían síntomas de un instinto inconscio, de un atavismo cimentado en lo que Jung llamó el inconsciente colectivo, los restos del impulso hacia un comportamiento propio de edades pretéritas cuando la humanidad sobrevivía cavernícola. Todavía no me conducían los pasos del hábito, sino algo más antiguo, imperioso y entrañable.

La foto que ilustra esta entrada es de la llamada "Oreja de Dionisio". Ese fue el nombre que le dio Caravaggio a esta gruta recordando que Dionisio I, tirano de Sicacusa, cuñado del amigo más íntimo que Platón mantuvo y cuya muerte lloró y cantó (Dión), encerró aquí a los prisioneros atenienses después del desastre militar en que los embarcó el populista cínico Alcibíades..., sí, el niño bonito de Sócrates. La cueva era una cantera en que los prisioneros atenienses cumplían trabajos forzados. Todas las piedras que adornaban los edificios públicos y privados de Siracusa salían de estas "latomías".

Cuenta la leyenda que el tirano oía desde su palacio las voces y quejas, suspiros y quebrantos de los condenados, gracias a las condiciones acústicas del lugar. Es muy verosímil que Platón las visitara con su amigo Dión. Vintila Horia recrea este hecho en La séptima carta (1964), donde novela la vida del más grande de los filósofos. Y es probable que dicha visita del divino ateniense, hace más de dos mil cuatrocientos años, fuese la inspiración de la más famosa de las alegorías de la Historia de la Filosofía: la Alegoría de la Caverna (República VII). 

Tras la muerte de Sócrates, la Filosofía se vio tan amenazada que Platón quiso buscarle un reino. No pudo fabricárselo en Siracusa. Sus relaciones con Dionisio acabaron fatal. Platón fue vendido como esclavo y salvó su vida de milagro. Para que la Filosofía pudiese sobrevivir tenía que tomar el poder y edificar una ciudad que no transigiera ni con las mentiras ni con las apariencias, ni con los apetitos ni con la codicia y el libertinaje de los poderosos. Una ciudad que se ajustara a la voluntad de los más sabios. La razón tenía que volverse edificante para construir una Ciudad del Sol, una Ciudad de la Luz, o sea, un Estado donde imperasen la Verdad y la Justicia y, de paso, su resplandor sensible, la Belleza.

El filósofo es esa extraña criatura que abandona la seguridad de la caverna, el espectáculo incesante de los estereotipos en que suena el hilo musical de los prejuicios y de la opinión pública, arrebatado hacia la luz y convertido del todo al Bien. Esa criatura a la que sus paisanos, a cambio de su revelación, sacrifican cuando regresa de la realidad ideal, sin entender su generosa intención de compartir lo que es justo, bueno y verdadero, ¡como si hubiese querido comerles el coco en lugar de devolvérselo!

Así soñó Platón con un Estado que nos librase para siempre de la caverna, de la tribu y su redil, un Estado que fuese sobre todo Escuela luminosa.


domingo, 31 de julio de 2016

FILOSOFÍA PERENNE


La expresión Philosophia Perennis fue acuñada por Leibniz, o por Leibnicio, según se escribía en español apellido de este gran filósofo cuando los españoles aún teníamos el coraje de apropiarnos la circunstancia, quiero decir de hispanizar lo ajeno, en vez de vendernos por un puñado de dólares, como cualquier colipoterra al Imperio de la Hamburguesa con dioxinas, al sheriff bravucón y pendenciero que lo resuelve todo a mamporros, igual que ese trozo de carne con ojos, Rambo, ¡ese modelo de sutileza y amabilidad!... Ahora consentimos incluso en mandar a las revistas especializadas (aunque sean hispanas) un resumen en inglés (“abstract”), esa bárbara lengua del Imperio de la Cocacola con fungicidas..., un extracto in English para estar a tono en la koiné global. ¡Cómo si los dioses pudieran mascullar algo en inglés! Cuando es evidente que, si los inmortales tuvieran que hablar para entenderse, lo harían en la lengua de Juan de la Cruz, Teresa de Jesús y Miguel de Molinos. Ya lo insinuó un rumano blasfemo pero fervoroso llamado Ciorán: si Dios fuera un cíclope, miraría el mundo por el ojo de España. Si no es la lengua de Cervantes la que utilizan los dioses, hablan sanscrito o el griego ático del divino ateniense, pero no una lengua germánica. Con buen criterio, cuando Mozart quiso un libreto para su ópera Don Giovanni contrató a un italiano. El francés por lo menos sirve para buscar lo divino en los alrededores de la almohada, pero eso es otra historia...

Pero la cosa de la Filosofía Perenne es también otra de esa arqueología del saber o esa deconstrucción que se practica en las facultades. Se trata de:

a) una Metafísica que reconoce una Divina Realidad en el mundo de las cosas, vidas y mentes;

b) una  Psicología que encuentra en el alma y el espíritu humanos algo afín a la Divina Realidad, o aun indéntico con Ella; y

c) una Ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo ser, el asunto de la Philosophia Perennis es inmemorial y universal.


Aldous Huxley -sí, el famoso autor de Un Mundo Feliz, irónico título de profética novela- pudo hacer una antología espléndida de La Filosofía Perenne que apenas debe algo a los “filósofos de profesión”. La razón es que lo que sabemos, en el sentido de la sabiduría y no del mero conocimiento, depende sobre todo de lo que como seres morales hemos pretendido hacer de nosotros mismos. Siendo así, el Factor Común de la Realidad no se deja captar sino por aquellos que han decidido cumplir ciertas condiciones y, mediante una cierta ascesis, han conseguido el principal desprendimiento, haciéndose amantes, puros de corazón y pobres de espíritu (humildes). 

Escribe Huxley:

“Sólo haciendo experimentos físicos podemos descubrir la naturaleza íntima de la materia y su poder latente. Y sólo haciendo experimentos psicológicos y morales, podemos descubrir la naturaleza íntima del espíritu y su poder latente”.

“Santos”, “profetas”, “sabios” o “iluminados” han conocido de primera mano dicho Factor Común; para ellos, como para el Sutra Diamante, la Verdad, en el sentido de Realidad, no puede ser partida en trozos y dispuesta en sistema. Las palabras sólo pueden usarse como figura retórica. Se trata principalmente -como manda el Tercer Patriarca del Zen o nos recomienda Séneca- de permanecer sereno en la unidad de las cosas, de no dejarse despistar por el vano ruido de las opiniones y la vana fantasmagoría de las apariencias...

Paisaje noruego. F.: J. Biedma L.
Como el Pseudo-Dionisio Areopagita, también nosotros deseamos ardientemente morar en esa traslúcida tiniebla y, por medio de no ver ni conocer, mirar a Aquel que está más allá de la visión y el conocimiento y, mediante el abandono de todas las cosas sin valor, de todas las chucherías emponzoñadas de los mercados, de todas las ilusiones engañosas de las pantallas, de todo el cutrelux que ha caído sobre nosotros como una cadena, alabar a Aquel que está más allá y por encima de todas las cosas. 

Desprendiéndose, con sólo quitar lo que nos estorba, la Forma Latente revelará su oculta y secreta belleza.


domingo, 3 de abril de 2016

SOÑAR

"¿Qué es uno? ¿Qué no es uno?
Sueño de una sombra,
el hombre"

Píndaro


Uso el infinitivo "soñar" en lugar del sustantivo "sueño" porque este es ambiguo. Decimos en español "he tenido un sueño" y "tengo sueño" para referirnos a cosas distintas. Los franceses distinguen entre sueño como representación onírica, rêve, y el hecho de tener sueño, avoir sommeil, y cuentan con esa otra preciosa palabra, reverie, ensoñación, fantasía, ensimismamiento, que usó Rousseau en el título de uno de sus ensayos. 

Las tres teorías más plausibles sobre por qué soñamos pueden ser sintetizadas en pocas palabras:

  1. Para purificar la mente de deseos o impulsos inconscientes, eróticos o tanáticos (Freud).
  2. Los sueños son advertencias o llamadas de atención que el inconsciente hace a la conciencia y expresan los arquetipos de un alma común y primitiva (Jung)
  3. Los sueños son alcantarillas a través de las cuales nos libramos de la basura de la memoria durante el descanso de la conciencia (Francis Crick).
Dejo de lado la importante función cultural, premonitoria, de inspiración artística o de incubación científica o filosófica que han tenido históricamente los sueños. El lector curioso puede profundizar en ello leyendo el magnífico libro de Jacobo Siruela, El mundo bajo los párpados, que resumo en mi entrada Luz en las tinieblas.

***

Recogeré aquí un asombroso texto de Fernando Pessoa, del Libro del desasosiego (123), aunque en él, el gran escritor, bajo el apócrifo de Bernardo Soares, se refiere más a las criaturas del insomnio, que a las del sueño profundo

Explica el portugués que quien quiera contar con un catálogo de monstruos no tiene más que fotografiar lo que la noche trae a las almas insomnes: son como murciélagos que planean sobre la pasividad del alma o como vampiros que chupan la sangre de la sumisión...

"Son larvas del declive y del desperdicio, sombras que llenan el valle, vestigios que quedan del destino. Unas veces son gusanos, nauseabundos para la propia alma que los alimenta y cría; otras veces son espectros, y rondan siniestramente a nada; otras veces, también, emergen culebras de los antros absurdos de las emociones perdidas.
"Lastre de lo falso, no sirven sino para que no sirvamos. Son dudas del abismo, echadas en el alma, que arrastran arrugas somnolientas y frías. Duran humos, pasan rastros, y no hay más que el haberlo sido en la substancia estéril de haber tenido conciencia de ellos. Uno u otro es como pieza íntima de fuego artificial; chisporrotea un rato entre sueños, y el resto es la inconsciencia de la conciencia con que lo vivimos."

Y, desasosegado, concluye el poeta: 

"Cinta desatada, el alma no existe en sí misma".
¿Estamos hechos de verdad de esa sustancia etérea, la sustancia de los sueños -como dice Hamlet recordando los versos de Píndaro con que encabezo esta entrada? Y si somos sueños, ¿son propios o de Otro? 


τί δε τις; τί δ'οὔ τις; σκιᾶς ὄναρ ἄνθρωπος 

Πίνδαρος


viernes, 21 de agosto de 2015

Progreso

Carta a Salvador Solé sobre la quimera del progreso

Con "progresismo" no me refiero a la voluntad individual o política de hacer mejor las cosas o reformar para bien lo que hay. A eso debiéramos llamarlo tal vez "perfeccionismo", "reformismo", o simplemente: "trabajo bien hecho", que suele ser el trabajo hecho con amor o por amor. Por "progresismo" me refiero  a ese "determinismo eufórico" según el cual basta querer para ser, o es suficiente innovar para mejorar, o basta con revolucionar para justificar; o me refiero al prejuicio según el cual la vocación humana incluye en sí la capacidad para elevarse sin que medie esfuerzo, conservación, adaptación y educación.

Lo más cierto e irrefutable es, sin embargo, lo que muchas teologías han llamado Caída. O sea, que el hombre sólo puede levantarse con Dios y ayuda. Más trabajo y talento -añadiría yo-. "A Dios rogando y con el mazo dando"... Si te da vergüenza oír el nombre de "Dios" (en vano, como casi siempre), escribe en su lugar Suerte, Azar, Naturaleza, Cultura, Logos, Gracia, Destino, Fortuna, Dioses inmortales, Energía, etc. También hay quien piensa -como Ciorán-  que de la Caída en el tiempo el hombre no puede levantarse de ninguna manera. Sólo nos queda blasfemar, llorar o gemir con gracia.

Compara, Salva, el cine efectista, vacío de ideas, trajinado únicamente con furia y velocidad, que triunfa hoy, con el cine norteamericano de los años 60, repleto de grandes actores y actrices, formidables guiones, bandas musicales originales, nobles ideales morales. Compara los poemas de Garcilaso con la poética prosaica y extravagante à la page... ¿Hay progreso en el arte? Más bien pasa con la vida del arte como con la vida de las culturas y de los pueblos e individuos: tiene su juventud épica, su juventud lírica, su madurez trágica o didáctica, y luego los artistas se vuelven viejos verdes o gruñones, aburridos o añorantes, en decadencia medicamentada.

El progresismo apenas hace pie, para no ahogarse, en la carrera tecno-científica o mercatil-militarista, que nada tiene que ver con el bien, la verdad o la belleza, auténticos ideales de Civilización y Cultura con mayúsculas, pues es de todos sabido que la tecno-ciencia puede usarse para bien o para mal, para confesarse o para engañar, para producir cosas hermosas o bodrios y horrores. Ingenios electrónicos, cachivaches telemáticos, nuevas pulseras para el siervo moderno, "la atenazadora levedad de un delirio onírico" -escribe López Tobajas-. No tienes más que recordar la Alemania de Hitler, el país más avanzado tecnológicamente en aquel momento, o la URSS de Stalin, capaz de competir con los artefactos de destrucción y espionaje made in USA.

Tampoco me uno al prejuicio según el cual todo cambio es a peor, ese "determinismo aciago". No me hallarás ni neófilo ni neófobo. No estoy de acuerdo con J. M. de Prada (lúcido pero retrógrado recusador de la modernidad), que no ve en el mito del progreso más que una quimera maligna y un "grotesco determinismo eufórico". Negar la idea proversiva de progreso de la humanidad es dejar sin nervio creador a toda la modernidad, esa ilustración democrática y científica que a Occidente le gustaría imponer, con razón, a todo el resto del mundo.  

Pero comparto algunas de las objeciones que formula Agustín López Tobajas en su Manifiesto contra el progreso, 2005. Lo peor tal vez sea que damos por hecho que el crecimiento y el desarrollo económico, productivista-consumista, son mejores que el enpequeñecimiento, la austeridad y la costumbre. El absurdo es que creamos que salimos de la "crisis" sólo cuando se venden más coches. O qué pensemos la crisis únicamente en términos económicos. 

No obstante, son innumerables las especies vivientes que se han achicado, enqueñecido, para conservarse mejor, pero, como enfatizan la mayoría de los evolucionistas, ni siquiera la evolución puede entenderse como un sobrevivir de los mejores, como una orto-génesis, como un cambio hacia mejor, como un progreso. 

¿Es mejor ser mosca que mamut? La primera sigue molestándonos en verano, el segundo dejó de alimentarnos hace tiempo. La evolución es sumamente oportunista, y la necedad, la fealdad, la inarmonía, el parasitismo y la crueldad tienen en ella su oportunidad, y muchas veces resultan más adaptativas que el equilibrio, la belleza, la armonía, la excelencia o el talento. "Bicho malo nunca muere", dice el adagio popular. "Vive y reprodúceme, luego muere": ese parece ser el único imperativo categórico de esas misteriosas semillas de la vida, los genes. Eso al menos dice Dawkins, ateo de referencia. Si sólo puedes sobrevivir comiendo caca, come mierda; si sólo chupándole la sangre a otros, chupa; si escondiéndote bajo tierra en el reino de las tinieblas, vuélvete ciego, etc. 

De hecho, estimado amigo Salva, y como sabes por experiencia, la sensibilidad o la inteligencia superior no adaptan, sino más bien al contrario, excluyen y son castigadas, perseguidas, cuando no eliminadas del tono mediocre y del ritmo cansino en la melodía de la masa social viva, tono en el que se escribe la partitura de la vida humana conservable y conservada.  

He aquí una paradoja que da que pensar, el progreso como evolución es mera conservación, y no de lo mejor, ni de lo más bello, ni siquiera de lo más verdadero, pues ya sabes, porque como yo también tú la tienes próxima, que la fuerza política o persuasiva más poderosa de todas es la mentira.

Quedo por completo a disposición de tus irónicas o sarcásticas objeciones.