Se dice que la naturaleza persistente del carácter de Tamerlán (1336-1405), conquistador turco-mongol de Asia y "Espada del Islam", apareció después de su incursión fallida en una aldea cercana en las primeras etapas de su trepidante vida.
Léxico, diccionario, tesauro, glosario, repertorio, catálogo... o algo que se le parezca.
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Piedad de Juan de Ávalos hecha con placas de piedra caliza. |
Según Antonio Tovar en su extraordinario estudio de la Vida de Sócrates (1947), el filósofo no fue impiadoso, sino un renovador de la piedad. Para Sócrates la piedad no se limitaba al culto externo de sacrificios y rituales, sino que también como virtud era susceptible de un verdadero conocimiento.
Sócrates fue -según Tovar- radicalmente religioso. Interiorizó, personalizó la religión a la vez que sublimó el respeto a la ley como vínculo político. En el diálogo Critón escrito por Platón,las Leyes son personificadas (prosopopeya) y dialogan con el filósofo para fundamentar la autoridad de la polis, es decir los deberes patrióticos, que son una faceta de la piedad, de la eusébeia, una concreción del respeto a los dioses tradicionales.
Para Sócrates -y Platón desarrollará esta idea- lo importante en nuestra relación con lo divino es mantener la pureza y justicia del alma. Para complacer a los dioses, es decir, para ser piadoso, lo mejor que se puede hacer es ser justo, ser buena persona. Esto no significa que Sócrates o Platón desprecien las formas populares de religiosidad, rituales, devoción a las imágenes, procesiones, etc. No obstante, esto adquiere ahora una importancia secundaria, con ello Sócrates traslada el panteón griego del exterior, del templo, al sagrario de la conciencia y moraliza de paso a los dioses, pues es un escándalo filosófico que incurran en crímenes y adulterios. La divinidad socrático-platónica tiende a la perfección de la bondad absoluta.
Sócrates alude a su daímon (δαίμων), a su divinidad interior, como símbolo de la "voz de la conciencia" o la pascaliana "razón del corazón" cuando la racionalidad no es suficiente. La piedad sirve así de frontera y complemento a la razón (como en Kant).
La incomprensión de su renovada, moralizada e interiorizada forma de religiosidad explica la acusación que se vierte contra él: que inventa dioses nuevos, que es poeta de dioses (ποιητὴ θεῶν). Por su parte, Platón absorberá la "piedad pitagórica" en sus viajes a la Magna Grecia (Italia y Sicilia).
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Ni el término hebreo ni el griego para la piedad se encuentran a menudo en la Biblia, donde a la piedad se prefiere la fe y la justicia para referir a la vida grata a Dios. Donde se usa se vincula con conocimiento (2 P 1, 5-7) y con dulzura y paciencia (1 Tm 6,11). También se usa la palabra para referir a conductas personales (1 Tm 5, 4) que incluyen el arrepentimiento, la oración y la práctica del amor cristiano.
En su transcurso medieval y posteriormente el cristianismo elaboró manuales con ejercicios piadosos. El que se apiada se compadece del dolor de cristo en su pasión y del dolor del prójimo. El piadoso, el compasivo, puede empoderarse, lo que puede provocar cierta humillación en el compadecido, "lo que ha hecho que en el Occidente actual la piedad sea ofensiva o peligrosa. '¡No quiero que me compadezcas!'" (J. A. Marina, Diccionario de los sentimientos), se oye con frecuencia. Sin embargo, la ausencia de piedad caracteriza al despiadado y la sociedad que ha hecho bandera del interés y la competencia tiene mucho de despiadada.
La piedad, como otros tipos de conmiseración, misericordia o compasión, muestra un claro parentesco con el amor.
Más sobre la piedad y la impiedad..., en el blog Espíritu & Cuerpo.
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Detalle del Bautismo de Cristo de Juan Fernández de Navarrete "El Mudo" (1526-1579). Museo del Prado. |
Desambiguación de "meme"
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Miradas, tinta y acuarela 2022 |
Es muy difícil definir la mirada, pero no engaña porque es atención, elección. Es difícil aproximarse a su rara esencia. A mí no me extraña que los antiguos pensasen en su magnífico poder como algo peligroso: el poder de aojamiento. Se discurrieron cientos de ensalmos y remedios contra "el mal de ojo". Hay miradas matadoras, acusadoras, embelesadoras, amenazantes, seductoras, confiadas, despreciadoras... Pueden mover a la piedad, al amor o al odio.
La fuerza y energía de la mirada es un hecho, aunque no sepamos en qué consiste físicamente, cuánticamente. Sentimos que nos miran, aunque no veamos quien nos mira. Eso está probado. Incluso los insectos sienten que los están mirando. Cuando los fotografío, me oculto detrás de la cámara para que no lo noten; miro a través de ella para que no huyan cuando sienten que los estoy mirando. Los artrópodos también miran, las arañas con ocho ojos, aunque no sepamos muy bien qué ven. Faena difícil, de buen espía, mirar sin que sepan que estás mirando, sin que el espiado sepa que lo están siguiendo.
Lo que distingue unos ojos que tienen mirada de otros que no la tienen es la vida. Los ojos de un muerto dan vergüenza porque ya no miran, por eso les bajamos piadosamente los párpados y los velamos. Materia en descomposición, sin alma. Al fallecer, no entregamos sólo el último aliento, sino también la última mirada.
El recién nacido llora y sorbe, pero enseguida abre los ojos y se empeña en ajustar su mirada, que será única, inconfundible. Esa ventana de la mente por la que sale un poder desconocido. Hijos del sol son todos los ojos, espejo de su fuego. La mirada no engaña. "¡Mírame cuando me hables!".
Recuerdo a mis amigos difuntos sobre todo por el modo en que me miraban. Se cuidaban de mí cuando lo hacían. "¡Ni me mira!", es el reproche de la persona desatendida y enamorada. Es "persona atenta" la que me mira o la que "mira por mí". "Regarder", dicen los franceses, es también observar, examinar, sobre-guardar, cuidar con respeto. La sola mirada del padre protege al hijo, le desembaraza de miedos. "¡Mira, madre, lo que hago!".
El hombre -dijo Platón- es el ser remirado, que remira y se remira. Miramos dos, tres veces..., buscando profundidades, analizando, reflexionando. Saber mirar es fundamental. Quien no sabe dónde o qué mirar es como quien no ve. No veremos dos veces lo mismo si sabemos mirar bien.
Algunos místicos han sentido cómo Dios les miraba desde dentro o desde fuera. Y ellos en su horizonte espiaron mirando, vislumbrando Su misterio.
Sobre "ver y ser visto": https://esprituycuerpo.blogspot.com/2021/08/ver-y-ser-visto.html
Laurel con sus frutos |
A pesar de sus indiscutibles encantos, el dios Apolo no
siempre fue afortunado en amores. Persiguió en Tesalia a Dafne, ninfa montaraz, hija del
río Peneo y sacerdotisa de la Madre Tierra. Apolo llevaba tiempo
prendado de ella. Había quitado de en medio a su rival Leucipo (Caballo blanco),
el cual jugaba la astucia de disfrazarse de muchacha para participar en las
orgías serranas de Dafne. Apolo, como era adivino, lo supo y aconsejó a la
ninfa que ella y sus compañeras se bañaran desnudas para asegurarse de que
todas eran hembras. Descubrieron la trampa de Leucipo, pues no le fue posible esconder su cola, y lo destrozaron.
Sin embargo, la eliminación de Leucipo no fue suficiente. Cuando
Apolo la persiguió, Dafne llamó en socorro a la Madre Tierra y esta la
transportó a Creta donde dicen que fue conocida como Pasífae. Quedó un laurel
en su sitio tesalio con cuyas hojas hizo Apolo una guirnalda para consolarse.
Robert Graves refiere este mito a la toma por los helenos de
Tempe, donde la diosa Dafne (o Dafoenisa, "La sanguinaria") era adorada por una
congregación de ménades orgiásticas que masticaban laurel para colocarse y
arrobarse proféticamente. La sacerdotisas habrían huido a Creta y Apolo se hizo
cargo del laurel que sólo podría ya masticar la Pitonisa para alucinarse.
Pero, ¿por qué Dafne esquivaba a un dios tan hermoso, padre de las Musas? Ovidio cuenta en sus Metamorfosis
que Apolo enojó a Cupido y este hirió al primero con saeta de punta dorada, que
hace amar, y a Dafne con saeta de punta emplomada, que hace aborrecer (de
donde, por cierto, viene "aburrimiento"). Perseguida por el dios, la ninfa huía
saltando grácil como cabrita de monte por los lugares más ásperos y, perdidas sus fuerzas, reclamó el
auxilio de su padre Peneo, a cuyas ondas acuosas se acercaba por un barranco, y a la
Madre Tierra: “¡Oh Tierra, trágame o múdame en otra figura!”, rezaba desesperada.
Hecho el ruego, le subió un enfriamiento por todo el cuerpo
y la corteza del árbol le fue cubriendo los preciosos tobillos, luego las nalgas bien torneadas. Los cabellos se tornaron
hojas; los pies, en raíces perezosas. Apolo se abrazaba al árbol sintiendo aún las
entrañas calientes de la ninfa bullir bajo la costra vegetal… Vuelta Dafne toda laurel, protestó el dios: “Oh laurel, pues no puedes ser mi esposa, tú
serás mi árbol”.
Juan Pérez de Moya (1513-1596) en su Philosofía secreta
(1585) recoge la superstición de que el laurel despide de sí el fuego “semejante
a las saetas o rayos calurosos de Apolo” y, por tanto, protege del rayo. El
famoso matemático y mitólogo nacido en San Esteban del Puerto (Jaén) moralizó y racionalizó la leyenda identificando
a Dafne con la humedad y a Apolo con el sol. Así como la ninfa huye del dios,
quiere la humedad y se esconde bajo tierra para defenderse. Afirma también el
erudito humanista que con la madera del laurel (Laurus nobilis), frotando una rama seca con otra, puede
encenderse lumbre y, por fin, edifica al lector haciendo de Dafne (recuerda, la de los "rituales
orgiásticos" de Tesalia) un ejemplo admirable de castidad cristiana. Eso es lo bueno de los mitos clásicos: admiten infinidad de interpretaciones y humanísimas lecturas.
Reflexiones de dos autores que pretenden dialogar entre sí y con el lector. No se trata de decir "esto-es-aquello" sino de indicar "esto, también podría ser ... aquello" (o "se me ha ocurrido que 'esto' no es 'aquello'). Las fotos, dibujos e infografías, que ilustran las entradas son, en su mayoría, también producto de los mismos. Algunas pocas han sido seleccionadas de otras fuentes por su valor expresivo.
Este diccionario tiene diferentes objetivos (en el triple sentido: fotográfico, representativo, metafísico), pero éstos están como referentes lejanos. Funciona como un "Cuaderno de Bitácora", donde se registran viajes del cerebro.
Es obvio que el D.S. no tiene más remedio que ir construyéndose poco a poco. La tarea será larga; obviamente toda esfuerzo de escribir, sin propósito de adoctrinar, es, por su propia naturaleza, algo inacabado.